A partir de esta semana hemos podido leer en los medios impresos y escuchar en el radio y la televisión que ha ido en aumento el consumo de drogas en nuestro país, cosa que no es novedad y no nos impresiona. Hecho que debería de preocupar puesto que no es posible que hayamos perdido la capacidad de asombro, tanto asombro bueno como asombro negativo. Pero en fin, la realidad es que la droga pulula por todas partes y no es nuevo, desde hace décadas, sobre todo en la época hippie cuando era casi que una moda, se consumía por todos lados, en los antros y en las fiestas privadas. La época del amor y la paz, en que se decía que si hacías lo que se te antojara, que si respondías a tus instintos eras verdaderamente libre. ¿Pero qué no estoy hablando de la época actual? Suena similar, y sí vivimos en una era de libertad radical, así como en los años setenta.
En este sentido, el tema central del que quiero hablar este día es el narcomenudeo, el narcotráfico y sobre todo los jóvenes que las consumen y sus padres que los solapan. Así de duro, así de cierto. Según cifras del Periódico Reforma en 1993 el consumo de drogas en antros del DF por parte de los jóvenes era de un 8.3 porciento, en el año 2009 la tasa se incrementó a un escalofriante 18.3 porciento. Los chavos pueden adquirir estas drogas con tan solo 100 o 200 pesos y con la misma facilidad que se tiene cuando se va al súper a comprar víveres para el hogar. Lo terrible es que en estos lugares nocturnos quiénes abastecen de metanfetaminas y grapas de cocaína, son los mismos empleados de los antros.
La guerra contra el narco, es atacar a los que producen la droga, los balean y los persiguen hasta detenerlos vivos o muertos, pero en el caso del narcomenudeo la guerra parece no tener una buena estrategia, y no con esto estoy diciendo que la otra guerra sí la tenga, pero pareciera que no hay un plan para atacar en los lugares de vicio que frecuenta la juventud de todas clases sociales y también los no tan jóvenes que les gusta salir de noche. La droga existe y existirá, la legalicen o no, por todas partes circulará. Es como el alcohol que en la época de la prohibición lo único que se lograba era que hubiera mafias y que los crímenes por lograr infiltrar el líquido prohibido, aumentaran. Pero hoy en día que es legal, la gente sigue consumiéndolo, sigue habiendo alcohólicos y problemas a causa de su abuso.
El asunto recae en que ciertamente por lo menos en lo que a la ciudad capital se refiere, el consumo de drogas ha aumentado en los jóvenes y este problema me atrevo a decir que no es precisamente porque el gobierno no ha sabido atacar a los narcotraficantes. Sino que como maestra de bachillerato que soy, madre de familia, orientadora familiar que se rodea de personas de todas las edades me doy cuenta que la falta de límites que tenemos los seres humanos en la actualidad, los miedos y culpas con los que cargan los padres de familia y el falso concepto de respeto que existe, es posiblemente el principal causante de este incremento en el consumo de estupefacientes ilegales en la juventud.
Yo veo una sociedad en que los adolescentes ya no respetan a los adultos como antaño, unos padres que ya no exigen como cuando ellos eran pequeños, maestros que no saben delegar ni representan autoridad. Yo veo una sociedad en que todo el mundo le echa la culpa al otro, en que los padres de familia justifican su falta de atención reclamándole al profesorado de no haber enseñado bien a sus hijos por las malas calificaciones que trae. Yo veo a un México en que nadie es corresponsable por sus actos u omisiones, y veo una comunidad que prefiere quedarse en su cómodo sitio como espectador, haciéndose el sufrido esperando que la situación mejore por sí sola.
Es muy fácil decir que el gobierno no ha sabido “pactar” con el narco o que su estrategia es la equivocada, pero ¿Nos ponemos a pensar los padres de familia que nuestros hijos consumen droga porque no hemos sabido enseñarles a decir NO? Porque no hemos sabido ponerles horarios, restricciones, no nos hemos dedicado a ellos y saber con quién se juntan, que lugares frecuentan.
Los jóvenes han aumentado el consumo de droga porque hay más chavos saliendo a edades que no deberían de permitirles, porque les dan dinero para que se diviertan en la noche, porque la vida se ha vuelto más liberal y dentro de este libertinaje estamos los padres de familia que hemos reaccionado atómicamente y hemos delegado la educación de los hijos a las escuelas y el cuidado de su integridad a los gobiernos.
Es un tema fuerte, pero hay que observar, si tú mamá, papá, enseñas a tus hijos en la voluntad, es decir les educas a aprender a contenerse ante las pequeñeces, de manera constante y eficiente, con límites, autoridad y mucho amor, estoy segura que este índice de consumo de drogas sería menor. No es la panacea, es simplemente una ley económica; a mayor demanda, mayor oferta.
Vamos a trabajar en la voluntad, haciendo pequeños ejercicios diarios en la vida de nuestros hijos y sobre todo en la nuestra por supuesto, porque si no practicamos con el ejemplo y no somos coherentes en actos y pensamientos, pues el trabajo será mucho más complicado. Sus hijos los anhelan, necesitan tiempo con calidad, requieren amor y entrega, pero sobre todo límites y orientación, así pienso, la guerra contra el narco será pacífica y mucho más eficiente.
Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

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