¿Quién es Alejandra Diener?

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*Madre y esposa *Escritora *Lic. en Economía y Mtra. en Ciencias de la Familia *Orientadora Familiar *Productora y conductora de Informando y Formando Radio y Neurona Digital Radio www.ndradio.fm www.informandoyformando.org contacto@informandoyformando.org

Bienvenida

Hola querido bloggero, gracias por entrar a este espacio que como su nombre lo dice, busca Informar y Formar a las personas que lo visiten. La idea de este proyecto es hablar con la verdad, promover valores y hacer conciencia ante la inconsciencia que pareciera vive nuestro mundo actual.

Es preciso que interactuemos para poder hacer un foro de información veraz. Te invito a que participes, si tienes propuestas que tengan el mismo propósito, serán bienvenidas puesto que si sumamos haremos la diferencia en realidad.

La familia, la educación de los hijos, el matrimonio como prioridad para que lo demás funcione de manera íntegra. La honestidad, una búsqueda de la generosidad imprescindible para poder actuar sin egoísmo, padecimiento de la humanidad que ocasiona tanta iniquidad, la moralidad esencial para la justicia imparcial. Todo esto y más son temas que busco explotar en este espacio virtual para enriquecer a sus lectores.

Asimismo, Informando y Formando quiere abrir los ojos de los cibernáutas para que no se dejen influir por la cultura de la muerte. La defensa de la vida, el respeto a la naturaleza, la importancia de la feminidad y de la complementariedad entre hombres y mujeres es preciso que se refrende para que la sociedad vuelva a encaminarse por el sendero de la ética.

Finalmente con el apoyo de videos, comunicados que se reciben de manera constante y artículos que esbozo para hacer digeribles los temas complicados, son las herramientas que constantemente podrás encontrar aquí.

Gracias por seguirme, me comprometes a hacer la diferencia.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

Alejandra Diener

****Escucha Informando y Formando Radio todos los lunes 9pm hora de México DF y si no puedes en vivo por aquí podrás escucharlo todos los días en PODCASTS.****


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jueves, 24 de diciembre de 2009

Discurso de la presentación del libro "Vestigios. Comentarios de la Vida"



Estimados miembros del presidium, amigos, muy buenas noches. Todo comenzó hace diez años con una pregunta que lo detonó todo. Una pregunta que le tocó hacer a Enrique Castillo Pesado, una pregunta que yo no supe responder de manera adecuada. "Sí escribo bien" era lo único que debía contestar, sin embargo titubeé, y mi mamá fue quien salió al rescate.

Vestigios son recuerdos que desde mis inicios en el periódico El Universal fui recolectando, sin saber que hoy estaría presentando la recopilación de los mejores en mi primer libro. Simplemente es un sueño hecho realidad que la vida me permite hoy disfrutar.

Que no soy famosa, es cierto. Que no soy reconocida por ser columnista, periodista, y demás calificativos, pues también es verdad, pero ¿Quién dijo que tenía uno que tener esos requisitos para poder compartir buenos sentimientos?¿Para poder transmitir experiencias positivas que dejen un mensaje en la gente? Nadie. Y eso hoy, esta noche lo estoy demostrando.

Experiencias personales, basadas en mis principios y valores que desde pequeña mis padres me inculcaron, son tan solo el común denominador de mi primera obra literaria.

Todo el mundo tenemos algo que decir, todo el mundo tiene algo que compartir, simplemente hay que disponerse a hacerlo y proponerse difundirlo para intentar hacer la diferencia.

Hoy soy mejor que ayer lo sé, y también sé que me tropezaré y que decepcionaré, pero eso es porque soy perfectible y porque tengo debilidades, y también sé que este libro rompe con lo convencional, que no es común que una persona que no es reconocida por ser escritora, compile sus artículos como Ópera Prima y decida sacarlo a la venta. Aún así lo hago porque sé que voy a ayudar a un sector marginado de nuestro país que son los indígenas y que a pesar de que se diga que se hace mucho por ellos, los números no arrojan resultados alentadores. Más de un cuarto de la población mexicana vive en pobreza extrema y más de la mitad de los mexicanos es pobre.

¿A dónde vamos a llegar así? México no avanzará y seguirá estancado mientras este problema no se ataque verazmente y mientras nosotros que tenemos las posibilidades no intentemos hacer la diferencia. Porque vivimos en un mundo en el que nadie se preocupa por nadie, en el que los valores ya no existen, en el que las familias se acaban, en el que los niños estorban, en el que los matrimonios no duran, en el que la infidelidad no se ve mal, en el que si no hay morbo en lo que se hace, no vende. Un mundo que es increíble, pero que vive ciclos, y esos ciclos son buenos y son malos. Y hoy me atrevo a decir que estamos en un mal momento, pero que seguramente mejorará.

A veces pareciera que en nuestras vidas nada tiene sentido, y que nuestra presencia en este mundo no tiene relevancia. A veces nos cuestionamos la verdadera razón por la que nos encontramos aquí. ¡Pero estamos! Y eso es suficiente para sabernos importantes y necesarios para la vida.

“Vestigios. Comentarios de la Vida” son recuerdos que descubrí debía de compartir, porque a pesar de que no soy reconocida por escribir, sin importarme los desalientos y trabas que tuve que pasar, sabía y sé que por más pequeños que nos sintamos en el universo, nunca olvidaré que cualquier cosa que hagamos siempre hará eco en la eternidad.

Muchas gracias por acompañarme esta noche, gracias a todos los miembros del presidium; Enrique mi maestro en periodismo quien me dio alas para volar,Pepillo amigo entrañable de mi familia, tu presencia me da credibilidad, Alma Saint Martin amiga incondicional que con su talento ha sabido compartir un pedacito de lo que les quiero comunicar, Gonzalo Araico por creer en mi don y dejarme editar mis sueños, a la Fundación Mazahua por recordarme que mi misión en esta vida es ayudar a los demás y a Paco Trejo mi maestro por excelencia en conducción de radio. Y muchas gracias a todos los que se unieron a la causa: A La Fundación Miguel Alemán por prestar este recinto histórico, a Parque Reforma por su apoyo, a Concepción Cusi por sus arreglos navideños, a la Familia Pavía por compartirnos su Ostería del BECCO, a Luis Losada por sus deliciosos vinos, a Daniel Trejo por su creatividad. Y muy en especial al Maestro Efrén Rojas Dávila Secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Estado de México y al Lic. Apolinar Escobedo Ildefonso, Vocal Ejecutivo del Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México, por venir a apoyar este gran proyecto en representación del Lic. Enrique Peña Nieto. Y a ustedes por acompañarme esta noche tan especial y darme su invaluable apoyo.

Muchas gracias.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El Monstruo de la Comodidad

¿Que son los valores? Valores que todo el mundo menciona pero que a su vez dicen que ya no están de moda. Es más, ya ni existen. Hoy en día, los valores humanos en general, ya no son parte de la vida cotidiana de las personas a nivel mundial. ¿En realidad no existen? ¿Cómo es que desaparecieron? Los valores son intangibles, como el mismo amor, la amistad, el cariño, el enojo, la fe; son sentimientos que sabemos están, pero no podemos tocar. ¿Qué habrá entonces sucedido con los comentados valores que todo el mundo dice que desaparecieron? Imagino que hay un monstruo que llegó con mil cabezas y decidió irse devorando uno por uno hasta que después de varios años, éstos desaparecieran. Dicho monstruo bien podría llamarse el Abominable Monstruo de la Comodidad. Así es, un monstruo que prefiere todo fácil, sin esfuerzo, a la carta, es decir, según lo que le convenga. Entonces hambriento de esa ansiedad por comer todo lo que implique voluntad, sacrificio y demás, decidió irse comiendo todos los valores. De primer plato devoró el suculento y famosísimo platillo de la familia, el principal de todos los manjares, de todos es el que mayor renuncia implica, y para la comodidad es imprescindible terminar con dicho valor. Puesto que al vivir en familia es necesario acatarse a las normas, respetar a los miembros de la misma, atenerse al sueldo del marido, serle fiel al cónyuge, educar a los hijos y dejar de hacer muchas cosas con tal de que ellos tengan lo mejor de lo mejor y ¿para qué le sigo? Se me van a indigestar y a penas vamos en la entrada. Terminando con éste, decidió que continuaría con el plato fuerte, y sin titubear eligió el de la moralidad. Éste posiblemente le causó mucha cargazón, porque es el más condimentado y complicado en su preparación, y hoy por hoy, pareciera que los chefs ya no lo cocinan por la dificultad que representa su elaboración. Moralidad que no necesariamente quiere decir aburrimiento, sino control sobre la vida misma. Moralidad que se antoja necesaria en una sociedad para su estabilidad, y sobre todo para conseguir que el primer platillo sepa aún mejor. Con la moralidad somos capaces de recibir la vitamina de la honestidad, de la lealtad y sobre todo de la justicia y equidad. Finalmente, después de haber elegido el plato principal, no se quedó satisfecho por lo que de guarnición, no se pudo contener y éste decidió servirse dos veces para devorarse a la ecuanimidad, y a la prudencia, las dos en su conjunto con un bolillo de relativismo. Relativismo que describe a la humanidad de nuestros tiempos, puesto que cada quien tiene su propia verdad, es decir, todo es relativo, por lo que no es necesario que la justicia nos muestre lo que realmente es esa verdad, y menos aún, la prudencia es irrelevante al decidir sobre algún hecho trascendental. El Abominable Monstruo de la Comodidad con todas sus cabezas, devoraba y devoraba con ansiedad todos estos platillos que poco a poco se fue terminando, todo con la firme intención de quitar de su vida lo que implicara hacer sacrificio. Todo con la idea de poder pensar solo en él, y olvidarse de lo demás, de los demás. Con el gran propósito de satisfacerse y de estar por supuesto cómodamente en la vida que le depara mientras nadie lo detenga y le comience a cortar las cabezas. Cabezas que a su vez controlan mafias que felizmente aplauden el devoramiento de este espécimen, puesto que al desaparecer todos estos valores, que come con singular alegría, sin que nadie se percate, irá controlando todo lo de su derredor. A todo el mundo parece encantarle la idea de que la “comodidad” es lo que el ser humano en realidad debe disfrutar, sin pensar que la humanidad al vivir en la exageración y separar al cuerpo de su mente, se reduce a lo más pequeño de su esencia. ¡Finalmente el postre llegó! No crean que aquí terminó, no satisfecho pidió un helado con pastel. Helado de caridad y pastel de congruencia bañado en salsa de responsabilidad. Caridad que es una virtud imprescindible en un mundo en donde la mala distribución del ingreso es el pan nuestro de cada día. Congruencia que nadie predica, se piensa y se hacen cosas totalmente distintas, y responsabilidad que permite a los hombres responder con habilidad ante las adversidades de la vida. Para cerrar con broche de oro, se pidió un café expresso doble cortado con leche de virtudes, ya que sin ellas la voluntad de la humanidad se merma y con mayor razón logrará este horrible monstruo hacer lo que le plazca, en el momento que le nazca. Al comer todo lo anterior, que merece la pena recordar, no lo hizo de un momento a otro, sino que más bien lo ha ido haciendo a través de los años, ya que es mucho que devorar. Con lo anterior logrará que el ser humano no sea virtuoso lo que lo hará prisionero de lo demás en lugar de poder ser líder de sí mismo. Ciertamente, la indigestión ha sido inaguantable, lo que de un momento a otro lo ha hecho vomitar. Ha vomitado hedonismo, concupiscencia, injusticia, consumismo, extorsionismo, irascibilidad, vicios, y nos regresó ese bolillo de relativismo, morbo y todas las exageraciones que hacen del ser humano un simple objeto que finalmente a quien benefician son simplemente a este monstruo de mil cabezas ya que lo enriquecen, domina y subleva a la humanidad, y finalmente a éste es a quien la comodidad es al que le conviene. Mientras tanto nosotros, seguiremos comprando y luego existiendo, viviendo en un mundo de banalidades que nos ciegan de lo verdaderamente importante y relevante. Provocando que olvidemos lo que al final trasciende con nuestra desaparición física, que en realidad es lo bueno que hacemos, el legado que dejemos y la forma enaltecida en que decidamos vivir. Ese Monstruo de la Comodidad, es más que una idea de mi imaginación, es una realidad que me dije debía de describir para poder trasmitir lo que vivimos actualmente y que nadie parece notar. Los valores no han desaparecido, somos nosotros los que los hemos guardado en el estómago de ese devorador, con el firme propósito de evitar cualquier tipo de sacrificio. Somos nosotros quienes hemos decidido hacerlos a un lado, olvidando que los primeros perjudicados somos nosotros, pero creemos que estamos liberándonos cuando en realidad estamos siendo víctimas del Monstruo de la Comodidad.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Manos hacia el Cielo


Por Marion Fernández Cueto

Hay una línea en las Escrituras que siempre me irritó: Timoteo 2:15, y durante años no pude leerla sin desear lanzar mi Biblia contra la pared. “Con todo, la mujer”, escribe San Pablo, “se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad." Su misoginia bautizada era lo suficientemente insultante (qué típico es disponer la salvación de la mujer dentro de su límite social de descalza y embarazada servidumbre), sin embargo debajo de eso acechaba un daño aún más devastador: la idea de que la santidad de la mujer estaba amarrada a la maternidad. Esto solo significaba una condena para mí, pensé, porque la faena del parto era lo último a lo que yo aspiraba.

Entonces me enamoré de un hombre que deseaba tener hijos, en la misma forma en que mis antiguos amigos habían soñado con televisores de plasma. Mientras él me cortejaba y me seguía, comprendí que no era la maternidad per se, lo que por tanto tiempo había temido y de lo que me había burlado; era la muerte absoluta de mí misma vinculada a la maternidad. Mi individualismo y mi egoísmo estaban vivos y muy bien, fomentados por casi una década de independencia, durante la cual mi tiempo, decisiones, dinero, planes y mi cuerpo habían permanecido únicamente míos propios. La idea del matrimonio me entusiasmaba (no era ningún sacrificio amar a Andrés), pero los niños no me brindaban una natural tentación hacia la auto-oblación. Como la tibia súplica de castidad de San Agustín, yo no quería que mi egoísmo fuese castigado del todo, todavía.

Pero San Juan escribe que el amor perfecto aleja al miedo y esto es cierto aún en amores imperfectos como el nuestro: Un año después de nuestra boda nos encontramos rogando que yo pudiera quedar embarazada. Dos días después me embaracé. Si digo que salté de gusto sería mentira -nunca esperé que la respuesta nos llegara por entrega inmediata de un día para otro. Pero estábamos admirados ante esta nueva vida que Dios y nuestra unión habían forjado.

Mi embarazo progresó con una feliz calidez: me puse gorda y contenta como un gato romano, sin molestias de nauseas al levantarme. Hice las compras y la limpieza, cociné y congelé alimentos, pedí libros sobre paternidad y entrevisté doulas en un dichoso torbellino de organización. Me encontré soñando con escenas domésticas tanto tiempo despreciadas, una maraña de alegres hermanos para nuestro hijo y una cocina fragante de comida caliente y bromas cariñosas. Finalmente, pensé, estaba lista para convertirme en madre.

Entonces nació Dominic. Aún recuerdo mi sentimiento de incredulidad cuando una enfermera nocturna me despertó por primera vez para alimentarlo, cuando me parecía que tan solo unos minutos antes había tenido un trabajo de parto agotador. Miré el reloj - 2:20 a.m. - y luego a mi lloriqueante y arrugadito bebé, y supe, como Napoleón en Waterloo, que el fin había llegado -- el fin de mi vida como yo la conocía y como a mí me gustaba. Este niño, esta responsabilidad, eran míos por el resto de mi vida.

Sentí una gran ola de resentimiento de que Dios me haya permitido dar la bienvenida a un embarazo al mismo tiempo que me proporcionaba apenas un jirón de vago instinto maternal después del parto. Sabía que mis hormonas atacaban a ciegas, pero me sentí cegada y traicionada. ¿Dónde estaba la gracia que me había inundado durante los nueve meses previos? En ese momento yo no deseaba más que retroceder el tiempo hasta esa noche de septiembre en la que por vez primera rogamos a Dios por un bebé, y posponer nuestra oración otros dos años. Yo quería devolverle mi hijo a la enfermera y replicarle, “Amamántalo tu.” Yo ya soy una madre miserable, pensé. Pobre, inocente, malaventurado Dominic.

En alguna parte yo había asumido que si solamente hubiese suplicado con suficiente fuerza para obtener la gracia cuando acepté el embarazo, junto con mi hijo habría nacido una buena madre. Había olvidado esa carta elemental en la teología Católica: que la gracia se construye de la propia naturaleza. Las oraciones no son fórmulas mágicas y ninguna iba a transformar instantáneamente mi hábito de egoísmo fomentado durante tanto tiempo, en un entusiasta espíritu de autosacrificio. En lugar de eso, durante las semanas y los meses subsecuentes, un Salvador amoroso me pediría tomar mi cruz y aprender a seguirlo. Al obedecer, descubriría que Dios rara vez llama a los bien equipados. Si pidiésemos cooperar en nuestra propia salvación es solo porque El da lo necesario a aquellos a quienes llama.

Mientras tanto, Dominic no sabía que era pobre y malaventurado. Era un bebé casi perfecto en todos sentidos, de límpidos y azules ojos, traviesas y rosadas sonrisas. Yo lo abrazaba y lo bañaba, le hacía cosquillas y le cantaba, y presumía sin pena cualquiera de sus nuevas hazañas. Cuando dormía su siesta en nuestra cama sonrojado por un dulce sueño, me acostaba junto a él y murmuraba mi amor infinito en sus rubios y húmedos rizos. A pesar de todo esto, me rebelaba. Una voz en mi cabeza hacía eco al viejo grito de Lucifer: non serviam -- Yo no serviré. “Eres demasiado buena para esto,” decía la voz. “Fuiste hecha para cosas mejores -- no para el tedio sin fin de pañales, trastes y ropa sucia que entume la mente. ¿Dónde están el glamour, el estímulo intelectual, las oportunidades y ascensos que todavía te mereces? ¿Es realmente esto lo que Dios quería para ti?”

La voz reaparecía cada mañana mientras observaba al ejército de abogados y pasantes paseándose por la Calle 16 con sus vasos de café y sus portafolios, y sus carreras. Cada joven mujer inteligentemente vestida, con el lujo de poder conversar en su celular o iPod, representaba una vida que yo ya no podía tener, oportunidades y experiencias que nunca serían las mías. “¿Ya lo ves?” la voz me punzaba. “¿Ya lo ves?”

Claro que cada resbalón hacia la autocompasión desencadenaba una mayor avalancha de culpa. A todo lo ancho del mundo las mujeres estaban luchando contra la infertilidad, los abortos espontáneos, la muerte de un hijo, o los recién nacidos con enfermedades crueles y debilitantes. Miles de nuevas madres nunca tendrían el lujo de poder escoger entre volver o no al trabajo. Muchas más carecían de un esposo sensible que las cuidara, o de cualquier alma caritativa que las apoyara durante los trastornados primeros meses. Yo me odiaba absolutamente a mi misma por irritarme bajo la ligera carga que Dominic representaba; sabía en el fondo lo afortunada que era, cuán ridículo era mi burgués malestar -- entonces mi autorenuencia se acumulaba. Alcancé mi punto de quebranto una tarde mientras caminaba con Dominic frente a la Catedral de San Mateo. Un vagabundo parado en la esquina dio un largo vistazo a mi carreola y a su durmiente carga e inexplicablemente sacó un condón de su bolsillo. “Si hubieras utilizado uno de estos,” dijo socarronamente, “no lo hubieras tenido.”

Conmovida, supe que aquel hombre había articulado el mismísimo pensamiento que había surgido como demoníaco espectro durante más de una de mis noches sin sueño. Ese condón representaba cada tentación experimentada en mi lucha por abrirme a la vida, cada alternativa prohibida que pude haber tomado al tiempo que luchaba por recibir con regocijo, primero el embarazo y después a Dominic.

Enferma de vergüenza, busqué a un sacerdote para confesarme. Con el suave pero exacto sondeo de un experimentado confesor, me pidió nombrar lo que yo preferiría estar haciendo. “Anda, imagínalo,” me rogó. “Digamos que puedes dejar a tu familia y a tus responsabilidades. ¿Que es lo que quieres?”

Mis respuestas las tenía penosamente listas. “Quiero ver el resto del mundo,” le dije. “Quiero ser el corresponsal extranjero para lo cual me preparé. Quiero tomar mi café mañanero en silencio, leer el periódico sin interrupciones. Quiero dormir hasta el medio día los sábados -- o al menos durante toda la noche. Quiero mi tiempo, mi espacio, mi horario, mis planes, mi paz, mi tranquilidad… me quiero a mi misma de regreso otra vez. Solo quiero ser yo misma de nuevo.”

El sacerdote clavó su mirada sobre mí, sus ojos bañados de compasión. “Todos queremos eso,” dijo suavemente. “Pero sirviéndonos, viviendo para nosotros mismos… ¿qué nos dice el Evangelio sobre eso? ‘Aquel que busque salvar su vida, la perderá.’ ‘A menos que el grano de trigo caiga en la tierra…’ Sabemos que no podemos encontrar la felicidad de ese modo.”

“Póngame a prueba,” secretamente pensé.

No mucho tiempo después, Dios se encargó de mí en mi reto silencioso: Cuando una vieja amiga de la universidad vino de Francia se me dio la oportunidad de ver, al estilo de George Bailey (personaje interpretado por James Stuart en una película navideña de 1946), cómo hubiera sido mi vida sin Dominic.

Veronique -- guapa, soltera y pintora políglota -- estaba viviendo la misma fantasía que yo traté de articular a mi confesor. Ella volaba alrededor del mundo aparentemente sin responsabilidad alguna entre su siguiente capricho y la realidad. Su familia estaba distante; sus trabajos al igual que sus intereses románticos, eran esporádicos y provisionales; todos ellos impotentes ante la tentación de nuevos riesgos y continentes. Yo estaba impaciente por escuchar sus historias, por empaparme del resplandeciente esplendor de su vida. Al invitarla una tarde a tomar el té, me fortalecí por el destello de piedad que varias veces vislumbré en sus ojos gracias a mi cada vez más predecible y gris existencia (esposo, hijo, hipoteca, minivan.)

Eso nunca le llegó. Veronique se sentía desdichada, y lo era desesperadamente. Acercándose a los 30 años igual que yo, su recia independencia, su volubilidad emocional y su consumada impulsividad la estaban infectando. Odiaba su cara escuela de arte. Sus correos electrónicos, deslumbrantes descripciones de sus viajes reenviados a listas masivas de amigos no estaban siendo reconocidos. El puñado de hombres en su vida llegaba y luego desaparecía con una precipitada autonomía perturbadoramente familiar. Estaba cansada de estar sin dinero, de depender de la gente convencionalmente más estable que ella para viajes en auto, para llamadas telefónicas y para comidas. Aún así los puestos y trabajos prometedores la estaban pasando por alto por estudiantes recién graduados más jóvenes que mucho tiempo atrás tenían pagadas sus cuotas en forzados trabajos de 9 a 5.

Veronique parecía embrujada por el revuelo de darse cuenta que los años de autodirección, autodescubrimiento y autosatisfacción (todo tan envidiosamente anhelado por mi) le habían traído no el Nirvana, sino solo a sí misma - cosa que estaba comenzando a encontrar intolerable. Mientras ella me observaba limpiando el puré de manzana de la barbilla de Dominic, ayudándolo a bajarse de la silla alta y comenzando la preparación de aún otra comida, sus ojos reflejaban no pena sino un crudo y desnudo anhelo. Y sus siguientes palabras me sorprendieron aún más: “Desearía tener a alguien para amar y para darme de esa manera,” dijo. “A veces tengo miedo que mi corazón va a marchitarse.”

Yo esperaba sentir alivio ante la pena de Veronique -- después de todo, lo que ella admitió equivalía a las grietas en la cimentación de un estilo de vida que yo había codiciado casi con idolatría. Pero en cambio solo sentí sorpresa y el creciente fenómeno de que la maternidad -- esa vocación que yo usaba como cilicio -- me había evitado la tiranía, la terrible pobreza de mi voluntad irreprimida. Mientras vislumbraba la desolación en la vida de Veronique, comprendí que yo nunca podría haber aguantado la maldición por tanto tiempo ansiada -- aquella de ganarme el mundo entero solo para perder mi alma. En Su misericordia que todo lo ve, Dios había eliminado de mi la opción del autoservicio exclusivo cuando dí a luz a Dominic. Como esposa y madre mi corazón podría sangrar, pero sabía que nunca se marchitaría pleno como estaba con los gajes del oficio de placer y terror, pena y compasión. Cuando Veronique se marchó, apreté a mi hijo contra mi pecho y lloré con gratitud.

Henry Ward Beecher alguna vez escribió que los niños son las manos por las que asimos el cielo. Al principio inscribí esa cita en el libro del bebé de Dominic, pero es solo ahora, casi cuatro años y una bebita después, que puedo ver que simplemente es una versión más apetecible de Timoteo 2:15. A través de Veronique caí en la cuenta de que lo que yo alguna vez llamé “cielo” -- todo esto vino por lo que yo misma obstinadamente escogí -- era la quintaesencia del infierno mismo. Solamente los niños podrían apartar la piedra de la tumba propia en la que yo yacía, y ofrecer un renacimiento a mi alma.

Aunque yo sobretodo luche y me tambalee en mi vocación de madre, lo hago así con gozo sabiendo que Dios me sostendrá a través del proceso si solo persevero con fe, amor y santidad. Esta mujer, al menos, será salvada por la maternidad.


Marion Fernández-Cueto es madre, periodista independiente y Católica conversa.

Vive en Houston con su esposo Andrés y sus dos hijos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Bazar Navideño del Colegio Alemán

Fue todo un éxito este BAZAR, felicidades a todos los participantes y gracias a todos los que compraron mi libro "VESTIGIOS. COMENTARIOS DE LA VIDA" que ustedes me están ayudando a hacer la diferencia. No dejen de promover el libro que así lograré dar un mayor donativo a las labores sociales de la Fundación Mazahua.

Ya fue la presentación oficial, fue todo un éxito y próximamente subiré fotos de esa noche tan especial. VESTIGIOS ya está a la venta en la Librería EL ARCA, en la Librería POLANCO, en el SÓTANO de Miguel Ángel de Quevedo, en la Librería PORRÚA del Centro y en muchas más, y obvio aquí solicita tu ejemplar!!!

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

ALEJANDRA DIENER

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vestigios. Comentarios de la Vida.


"Vestigios. Comentarios de la Vida" es un libro para reflexionar. Es una herramienta para pensar acerca de la muerte a partir de leyendas, moralejas y vivencias personales, para considerar cómo ayudar en la pobreza que padece nuestro país que se traduce en la impotencia de esta nación.

Asimismo, ayuda a entender a la pareja y a la familia, a la mujer y sobre todo, orienta para saber reaccionar antes las cosas de la vida.

Vestigios son recuerdos, me dije debía de compartir para que todo aquél que los quiera revisar pueda mejorar e intentar hacer la diferencia.

Comprando el libro me ayudarás a ayudar a un sector muy marginado de nuestro país; Los Mazahuas.

¡Únete a la Causa!

Gracias.
Alejandra Diener

Pedidos a: alejandradiener@gmail.com, y en librerías y tiendas de prestigio.

domingo, 25 de octubre de 2009

Corriendo bajo la Lluvia

Este fin de semana en el que el horario de verano llegó a su fin, he presenciado y vivido en la Ciudad de México el mejor ejemplo de unión cívica, de apoyo mutuo y de respeto a las normas. En tan solo unas horas con una intensa lluvia, se reunieron alrededor de 14000 personas con varios propósitos en común pero reinaban dos en particular; el deporte y correr por un México seguro.

La carrera de diez kilómetros que organizó la mega empresa NIKE, fue inusual, primero que nada porque comenzó a las siete de la noche y segundo porque fue con la idea de apoyar a la causa del señor Alejandro Martí quien fundó el Sistema de Observación por la Seguridad Ciudadana (SOS).

Todos los corredores nos enfundamos en nuestras camisetas rojas que de manera impresa ya portaban nuestro número. El 10334 fue el que a mí me tocó, me organicé con otras cuatro personas más con quienes desde hace varias semanas estamos comentando el tema del entrenamiento y picándonos los unos a los otros a la expectativa de a quién le iría mejor aquella tan esperada noche.

Una mancha roja eterna se reunió en la calle de Missisipi frente a la Diana Cazadora, una gran nube nos cubrió y sin amenazar nos empapó. Infinidad de conductores, fotógrafos, músicos, animadores hicieron que esta noche fuera algo muy especial.

La hora estimada se acercaba cuando la tensión se dejaba sentir entre las miles de personas que nos rodeaban. Era impresionante que hombro con hombro, tennis con tennis, y Ipod con Ipod, todos en armonía concentrados nos disponíamos a competir contra nosotros mismos.

Letreros que sostenían los organizadores según la oleada que correspondiera, avisaban si podíamos avanzar o debíamos parar. Como por arte de magia, todos respondíamos ante tales instrucciones. Perfecto era todo, al unísono los pasos se dejaban escuchar, y la lluvia no dejaba de mojar. Pero ¿creerán que no nos preocupaba? Todos nos mojábamos físicamente, pero la mente la teníamos seca, perfectamente enfocada en nuestro propósito.

La instrucción de AVANZA se dejó ver nuevamente y era el momento en que nos acercábamos a la línea de salida. El inicio era inminente, la adrenalina subía y el agua no dejaba de caer. Al acercarnos al arco que iniciaba el cronómetro que todos traíamos en las agujetas de nuestros zapatos, en un templete se encontraba el Sr. Martí hablando por el micrófono pronunciando las palabras: “¡Acabemos con la corrupción!” “¡Que se den cuenta que estamos unidos por la seguridad de nuestro México!” y más frases que combinadas con la concentración que me inundaba retumbaban en mis oídos y me hacían pensar cuán unidos estamos los mexicanos, y a su vez qué poco nos interesa el bienestar de nuestro país. Porque por un lado, en el día a día estamos siempre a la defensiva, esperando que algo salga mal. Con miedo en las calles, inseguros, sin calidad de vida. Sin servicios, sin instituciones que funcionen, con leyes que protegen a los malhechores, con políticos que todos sabemos corruptos, pero que todos dejamos continuar con sus fechorías,.

Y por el otro, en un evento como el de la HUMAN RACE DE NIKE, nos unimos miles de personas sin entorpecernos, sin faltarnos al respeto, corriendo bajo la lluvia y sintiéndonos seguros en la noche dentro del Bosque de Chapultepec. ¡Qué ironía! Porque el recorrido era una belleza, pudimos disfrutar de nuestra ciudad de manera organizada y perfectamente bien ordenada. Corríamos con unos reflectores enormes que nos ayudaban a ver los charcos y a nuestros contrincantes, pero sobre todo nos dejaban ver, cual ejército soviético, una mancha roja que decía en cada una de las espaldas de los atletas “Corro por un Mexico Seguro”. Te encrespaba la piel.

Dimos cuenta que no basta con querer competir, o querer participar en una carrera. Sino que es necesaria la voluntad de querer convivir para que todo salga bien. Sin esa voluntad no habría salido esta carrera tan perfectamente.

Y yo me pregunto ¿Por qué no tenemos la misma voluntad para con los asuntos de nuestro país? ¿Por qué permitimos que los políticos sigan haciendo de las suyas? ¿Por qué dejamos al vecino que deje a su perro defecar en las banquetas sin hacerse cargo del desecho? ¿Por qué tiramos la basura en la calle? ¿Por qué conducimos a altas velocidades? ¿Por qué aceptamos a aquellos que sabemos se han enriquecido ilícitamente? ¿Por qué, por qué, por qué? Será porque no creemos en nosotros mismos, y necesitamos de algún líder que nos organice. O porque ya nos acostumbramos a vivir así y pues “ya qué”.

El deporte es una disciplina que se recomienda para la formación de los seres humanos hacia el éxito, hacia el trabajo en equipo. Yo recuerdo hace 20 años que competí en una carrera por primera vez en la capital, no había ni la mitad de competidores que estuvieron este pasado fin de semana. Lo que quiere decir es, que la gente ya se interesa más por el deporteísmo. O al menos por el trabajo en equipo. Algo que me da ánimo, pues veo un pequeño resplandor allá muy al fondo del túnel, que me da esperanza de que algún día nos levantaremos y nos uniremos como una sola nación y quitaremos a quienes no nos cumplan.

No basta con marchas silenciosas, hay que pronunciarnos. No es suficiente con una carrera al año, hay que hacerlas más seguido. No es suficiente con quejarse día a día, hay que intentar hacer la diferencia desde la trinchera que nos tocó vivir. Porque sólo así, ni la lluvia, ni las inclemencias del tiempo, ni ningún corrupto, delincuente y demás, nos detendrá.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

viernes, 23 de octubre de 2009

La primera relación sexual


A las mujeres por lo general, y sobre todo en países como el nuestro, nos han metido en la cabeza que debemos ser sumisas, aguantarnos todo y ser puras. Esto a diferencia de lo que a los hombres les han inculcado.

A ellos se les festeja y se les aplauden muchas fechorías que son consideradas signos de virilidad, con frases como “el hombre llega hasta donde la mujer quiere”, dejándolo libre de toda responsabilidad. Las mujeres, en cambio, tenemos que morir apedreadas con el rechazo, la crítica, la incomprensión y la marginación.

Este miércoles quise tocar el tema de la primera relación sexual. Antes hablar de esto era un tabú, hoy en día ya no lo es, sino que más bien se volvió algo normal, un tema común que a su vez se ha tomado a la ligera. Muchas cosas han influido para que los jóvenes se lancen a la vida sin temor y busquen cosas que satisfagan sus anhelos de libertad y de felicidad.

En esta búsqueda, y sobre todo en materia de sexualidad, por desgracia, muchos de ellos piensan poco, sólo desean obtener pronto lo que se les antoja. Las consecuencias... ¿qué son las consecuencias? Ya habrá tiempo para preocuparse de ellas. Esto aunado a la falta de información auténticamente sana y orientada a ayudar a los jóvenes hacia su felicidad, conduce a éstos a fracasos a veces irremediables.

El pudor, la dignidad de la mujer y el valor del matrimonio como sólida base para la familia, son temas que ya no se toman en cuenta, ya que son considerados anticuados y pasados de moda porque hacen a la mujer ser más vulnerable que el hombre. Siendo esto, a mi manera de ver, equivocado ya que tanto los varones como las mujeres deben de considerar la castidad y la fidelidad ante todo.

Muchas lágrimas que pudieron evitarse son derramadas cuando todo lo que queda es una dignidad hecha pedazos, un desengaño y a veces un embarazo que no estaba planeado. En estas situaciones, la que normalmente carga con toda la responsabilidad casi siempre es la mujer y no sólo ella, sino que en caso de que se haya producido un embarazo, se llega a una realidad que no puede ofrecer a un nuevo ser la seguridad y el calor de un hogar estable, el amor de unos padres que le amarán.

Una vez dadas las circunstancias, muchos gritan, estúpidamente y sin pensar que la única solución es el aborto... Mejor hay que usar la cabeza y buscar las causas de estos desórdenes para proponer soluciones que puedan evitar estas cosas antes de que ocurran.

Sabemos que en la mayoría de las revistas de hoy en día, así como en las películas, libros, etcétera, de lo único que hablan es de sexo, pero con morbo. Jamás se habla del sexo con toda su carga de belleza espiritual, de potencial humana que capacita a la persona para amar. Nunca se les habla a los jóvenes de la posibilidad de convertirse en esposos y padres, ni se les dan consejos prácticos para ello.

Pienso que mientras el sexo se reduzca siempre al placer de un momento, los jóvenes no se podrán hacer ilusiones de que amarán y de que serán amados. Ya que esta reacción es únicamente una respuesta a los instintos. La primera relación sexual es importantísima, todos lo sabemos, pero primero hay que preguntarse si tenemos la vocación de convertirnos en pareja y en padres. No podemos permitir que ésta se convierta en un trauma.

Hay que pensar que debemos prepararnos muy bien para el momento de entregar todo nuestro ser al hombre o a la mujer de nuestra vida, pero no buscando satisfacer a nuestro egoísmo. No nos dejemos llevar como “borregos” por todo lo que dicen los demás.

Sólo en la medida en que aprendas a valorarte en tu sexualidad y en toda tu persona podrás convertirte en un hombre o en una mujer feliz.

Nos leemos la semana que entra para que no quedarnos atrás y ver hacia delante.

jueves, 8 de octubre de 2009

Las Piedras Grandes


Cierto día, un motivador experto estaba dando una conferencia a un grupo de

profesionistas. Para dejar en claro un punto utilizó un ejemplo que los

profesionales jamás olvidarán. De pie frente al auditorio de gente muy exitosa

dijo: -"Quisiera hacerles un pequeño examen" - de debajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de

boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego, sacó una docena de rocas del tamaño de

un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro.

Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras, preguntó al auditorio:- ¿Está lleno este jarro? - Todos los asistentes dijeron que sí. Entonces dijo:- ¿Están seguros? - Y sacó de debajo de la mesa un balde con piedras pequeñas de construcción. Echó un poco de las piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomodaran en el espacio vacío, entre las grandes. Cuando hizo esto, preguntó una vez más:- ¿Está lleno este jarro? - Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta:- ¡Probablemente no!. "Muy bien" contestó el expositor.

Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas. Una vez más preguntó al grupo:- ¿Está lleno este jarro? Esta vez varias personas respondieron a coro: ¡No! Una vez más el expositor dijo: ¡Muy bien!

Luego sacó una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta que estuvo lleno, hasta el borde. Cuando terminó, miró al auditorio y preguntó:- ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración? Uno de los espectadores levantó la mano y dijo: -La enseñanza es que ¡no importa qué tan lleno esté tu horario, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas! - ¡No! Replicó el expositor, ¡Esa no es la enseñanza! La verdad es, que esta demostración nos enseña lo siguiente: "Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida? ¿Un proyecto que tu deseas hacer funcionar? ¿Tiempo con tu familia? ¿Tu fe, tu educación o tus finanzas? ¿Alguna causa que desees apoyar? ¿Enseñar lo que sabes a otros?

Recuerda poner estas piedras grandes primero o luego no encontrarás un lugar para ellas. Así que hoy en la noche o mañana al despertar, cuando te acuerdes de esta pequeña anécdota, pregúntate a ti mismo cuáles son las piedras grandes en tu vida y corre a ponerlas primero en tu jarro. Recuerda: "Muchos sueños se pierden por miedo a afrontar el Buen Combate".

Siento que es una bonita historia que nos puede ayudar a todos, simplemente hay que meditarla y deducir qué es lo que queremos hoy para que mañana no sea demasiado tarde.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Superemos el malinchismo



Nuestro bello país, México, con siglos y siglos de historia, por donde han pasado distintas culturas que se han maravillado con sus riquezas naturales y su belleza. México, país al que se conquistó y se sublevó, al que unos cuantos lo derrotaron en tan solo cien días. Un puñado de hombres que por traer mejor tecnología por puritita suerte, lograron vencer a un ejército de Aztecas. “Indios” fueron bautizados, ellos que vivían como sedentarios que tenían su sistema de gobierno, que tenían una organización. Ellos, que se mezclaron con los españoles, que dieron sus vidas por ellos (Tlaxcaltecas), que traicionaron a su propia sangre (La Malinche).

Hoy, siglo veintiuno sigue habiendo es “malinchismo”, los habitantes de nuestro país seguimos despreciando a nuestra propia raza. Un insulto: ¡indio!, una realidad: Son los únicos que no se meten con nadie. Más bien los utilizan como pretexto para ir en contra del sistema, para explotarlos y para aprovecharse de sus tierras (Tarahumaras).

Carlos Fuentes escribió la novela “La región más transparente” en donde nos presenta un México dividido en dos, siendo que hoy en día es una triste y decepcionante realidad. “Tu que gritas los pescados y las legumbres, tu que arrastras los pies en el cabaret...tú que corres lejos a cruzar el río granizado de plomo y a arrancar las naranjas vecinas, tú, tú tameme, que no supiste ni cuándo, que sientes a los hijos salir chupados y negros, que buscas qué comer, que duermes en los portales, que viajas de mosca en los camiones, que no sabes hablar del dolor, tú que nada más te aguantas, tú que esperas en cuclillas, tú que ya sientes las ganas, tú que te quedaste sólo en una barriada donde hay que defenderse, tú que no tienes zapatos, que te llenas de fritangas y aguardiente, tú que te fuiste y llegaste y te volviste a ir sin que nadie pronunciara la palabra de bienvenida o de adiós”. Éstos son los pobres, los abandonados, la mayoría de nuestro México. Son los que son recluidos, los que son despreciados.

“Ustedes que fueron los contados, los elegidos del reino de la tuna, ustedes que viajan y van y vienen y poseen un nombre y un destino claro... que construyen carreteras y altos hornos y sociedades económicas y consorcios industriales y comparten su consejo de administración con míster aquiteinvierto... y ustedes que van del jockey al versalles al amba al folclore al club de yates al penthouse de don lameculo... y ustedes que ancho es el mundo y ustedes con bidet y lociones y ustedes que tienen su nombre, su nombre”. Éstos otros son los ricos, los que discriminan a los pobres, los que insultan a aquellos que no les complacen diciéndoles “indios”.

Yo me pregunto ¿por qué somos así? Los pobres indios lo único que quieren es estar en paz, tranquilos en sus tierras, trabajarlas y trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Sin embargo, desgraciadamente en nuestro país como en la mayoría de los de Latinoamérica, los gobiernos han decidido forzar a estas comunidades a transformarse en citadinos. Les quieren cambiar sus costumbres, cuando ellos en realidad no están de acuerdo. Simplemente quieren tener salud y servicios para poder sobrevivir, pero no nos quieren imitar. Son buenos y no nos damos cuenta. Muchos los utilizan como estandartes para excusar sus proyectos millonarios, pero los últimos en ser beneficiados son los pobres indios. Ser indio no es algo por lo cual hay que avergonzarse, son un grupo de personas que tienen costumbres distintas a las nuestras, no queriendo decir que éstas estén mal ni bien ni que nosotros estemos en lo correcto. Simplemente somos distintos y compartimos un mismo territorio.

En nosotros está educar a nuestros hijos a no discriminar a las personas por su color, ni por su posición social. Seamos un ejemplo a seguir y no insultemos a nuestro prójimo con una palabra malinchista, porque los indios, les aseguro no harían cochinadas e irregularidades, esos, esos que las cometen son los nacos.

viernes, 28 de agosto de 2009

El Preservativo no es la Solución



Parece que hay competencia por atacar al Papa y a la Iglesia últimamente. Ya casi cualquier excusa es buena (la excomunión levantada a los obispos lefebvrianos, el caso Williamson… y ahora el tema de los preservativos). Y todo por decir lo que la Iglesia (junto con muchos expertos y gente sensata) siempre ha afirmado: que los preservativos no son la solución para el SIDA.

El Papa no dijo nada nuevo. Medios de comunicación, gobiernos, organizaciones… le han criticado por no reconocer el problema real del SIDA ni querer afrontarlo directamente. Y yo me pregunto, ¿es que han leído lo que dijo Benedicto XVI?

La respuesta fue completa y directa. El problema del SIDA es doble: por una parte, cómo evitar la difusión de esta enfermedad, que en algunos países es galopante; por otra parte, la atención a los que sufren esta enfermedad. El Papa dio una solución para ambas problemáticas: a la primera, humanizar la sexualidad (y aquí venía su crítica a los preservativos); a la segunda, la cercanía, amor y cuidado de todos los que sufren. Y en ambos campos, la Iglesia es pionera y punta de lanza.

Con estas respuestas, el Papa demostró que conoce muy bien la realidad del SIDA, mejor incluso que aquellos que le critican. Es un hecho que el mayor factor para la difusión del SIDA es la promiscuidad sexual. Los preservativos no pueden ser la solución, pues además de no ser 100% seguros contra la transmisión de enfermedades venéreas, promueven la promiscuidad, elevando así el riesgo de contagio.

La Organización Mundial de la Salud informaba hace algunos años que la proporción de fallo del condón para la transmisión del SIDA oscila entre el 10 y el 30%, dependiendo de si se emplea de manera consistente y correcta o no. Nótese que, incluso utilizándolo de manera correcta, hay siempre un riesgo nada despreciable de contagio. Con estos datos, la Dra. Helen Singer-Kaplan, de la Universidad de Cornell, concluía que "confiar en los preservativos es coquetear con la muerte".

Por su parte, el Harvard's Center for Population and Development Studies llegó a la siguiente conclusión en un estudio realizado sobre este tema: tras veinte años de experiencia, no hay ninguna prueba de que los preservativos ayuden a disminuir el SIDA; más bien parece lo contrario.

Es obvio: la mejor forma para detener el contagio es la abstinencia. Y esto no sólo lo demuestra la lógica más evidente, sino también los hechos. Tenemos el ejemplo de Uganda, donde el SIDA avanzaba de modo imparable con los planes de reparto masivo de condones, hasta que el presidente optó por cambiar estrategia e impulsó la educación en la castidad: promoviendo la abstinencia sexual antes del matrimonio y luego la fidelidad conyugal, se lograron reducir en un 65% las relaciones sexuales “casuales”, disminuyendo así la prevalencia del virus HIV en un 75% entre los jóvenes de entre 15 y 19 años, en un 60% entre los de 20 y 24 y en un 54% en el conjunto de la población. Los hechos hablan por sí mismos.

Pero a menudo, cuando se habla del SIDA, se olvida a los enfermos que lo sufren. El Papa no les ha olvidado y la Iglesia tampoco. Me gustaría saber qué hacen todos aquellos que dicen que la Iglesia no hace nada para combatir el SIDA: a cuántos enfermos han ido a visitar, consolar, animar, ayudar… ¿No están realmente preocupados por ellos?

Esto sí lo hace la Iglesia. La Iglesia sí se compromete con los que sufren. Basta ver a tantos misioneros, tantos religiosos y religiosas que lo han dejado todo (patria, familia, carrera, dinero, posibilidades de éxito…) para ir a cuidar, curar y acompañar a sidosos, leprosos, tuberculosos… poniéndose ellos mismos en riesgo de contagio, con el único deseo de llevar un poco de amor a esas personas que sufren tanto. Se calcula que el 25% de la atención mundial a enfermos de SIDA la ofrece la Iglesia Católica. Ningún otro estado, gobierno o institución se acerca, ni de lejos, a este compromiso con el mundo del sufrimiento.

Éstas son las soluciones que ha propuesto el Papa, soluciones que sí han sido y están siendo eficaces. No como el preservativo, que sólo sirve para que algunos hagan negocio. Ante los datos tan evidentes a este respecto, surge la pregunta sobre la intención de quienes promueven el uso de preservativos contra el SIDA: ¿se trata de ayudar a la sociedad africana o de aprovecharse de ella? Si se quiere ayudar, que se invierta más en educación, sistemas sanitarios, higiene y menos en condones. Que se renueve y humanice la visión que occidente tiene de la sexualidad, y que haya un verdadero compromiso con los que sufren esta enfermedad.

Carlos Pí

cpi@legionaries.org

domingo, 12 de julio de 2009

Mujeres de regreso al hogar

Si las mujeres a partir de la segunda guerra mundial se dieron cuenta de que podían ser productivas y participar en el mercado laboral, ¿por qué es que hoy en día después de tantos adelantos alcanzados, se dice que la mujer debe de regresar al hogar?

Es un tema controversial, sobre todo con respecto a aquellas mujeres que se dicen feministas y que de plano han querido cambiar a través de movimientos sociales, el concepto real de lo que es una mujer. Puesto que éstas lo que quieren hacer creer es que la mujer se esclaviza al ser madre y esposa, entre otras cosas mucho más graves, que han ocasionado que la mayoría de las mujeres, sabiéndose inteligentes y preparadas, se enrollen en este movimiento y olviden su verdadero papel en la vida.

Desde mediados del siglo pasado, el índice de divorcios a nivel mundial ha ido en aumento. Se podría decir, que a los albores de este nuevo milenio, más de la mitad de la población está divorciada. Lo cual es una situación que debe de alarmar a la sociedad en general. No es posible que la familia, cuyo pilar es el matrimonio, esté siendo destruida y a su vez destruya a personas indefensas como lo son los hijos.

Es un tema delicado, pero es digno de analizarse, porque a raíz de este fenómeno de separaciones matrimoniales al por mayor, se derivan muchos otros factores que están haciendo que nuestra sociedad haya perdido los valores, los principios y la formación de personas que a su vez, dirigirán sociedades, educarán a sus hijos y se llevarán entre las patas a todos aquellos que estén bajo sus cuidados.

Entonces, ¿será que todo se comenzó a caer como fichas de dominó a partir de esa inserción en la vida pública de la mujer? Porque no hay que negar que se alcanzaron grandes logros cuando la mujer comenzó a votar, cuando empezó a trabajar, sin embargo, los hijos se fueron delegando a los cuidados de otras personas que no fueron sus progenitoras y que no tienen el mismo interés natural de educarlos como lo haría la propia madre.

A su vez, el matrimonio, la unión entre el esposo y la esposa se fue debilitando porque ya no era importante mantener el interés en esa relación, ya que la mujer se siente ya autosuficiente y no considera que necesite del hombre para vivir. El marido a su vez, se siente sublevado por esa mujer poderosa, importante, e imponente que tiene al mundo a sus pies. Lo que hace que ella esté mucho tiempo fuera de su casa, expuesta a cortejos extramaritales y como el esposo se siente menos (por naturaleza el hombre se tiene que sentir admirado) pierde seguridad en sí mismo, lo que lo hace menos atractivo a la esposa. Provocando así que ella le sea infiel con alguien que la admira y que se sabe importante, y él a su vez busque en otra mujer la admiración perdida en su hogar.

Todo comenzó porque querían tener más comodidades, más cosas materiales, pero olvidaron que lo primero es su matrimonio. Esa relación que mutuamente decidieron formar para procrear hijos, fruto de ese amor que los llevó a casarse. Hijos que padecen enormemente el descuido de sus padres, sobre todo de su madre. Maternaje indispensable para el desarrollo psicosocial y emocional del ser humano. El que una persona encargada del cuidado de los niños lo haga, no sustituye en forma óptima el papel tan increíble e irrefutable de la madre.

Es bueno que a la mujer se le considere para la toma de decisiones en las sociedades, gobiernos, empresas, etcétera, sin embargo es de mayor importancia que se tome en cuenta el substancial e indispensable papel que la mujer representa en la sociedad como procreadora y cuidadora de las nuevas generaciones. Si se le toma como un mero contrato social, que se da por hecho, el que la mujer será madre y es como “no hacer nada”, y se le discrimina porque se dedica a su hogar, pues así con mayor razón, seguiremos buscando en la calle la autorrealización que nos permita sentirnos útiles.

Mientras la mujer no revierta esa mala fama que se ha creado al discriminarse ella misma cuando se dedica al hogar, no habrá vuelta atrás. La mujer en la familia es la pieza clave para la estabilidad de dicha institución. Lo que es un hecho es que la sociedad actual está muy mal, está invadida por miles de temas como el de la cultura de la muerte, el del homosexualismo, el del feminismo, entre otros que lo que hacen es inmiscuirse cada vez más en la vida de las familias rompiéndolas y acabando con ese pilar esencial para la sociedad.

Hay que prepararnos, no lo niego, hay que trabajar para el bienestar de la comunidad, sin embargo, hay que tener como prioridad a nuestro marido y a nuestros hijos. Hacer valorar esa labor tan única e imprescindible, que es el ser mamá y la formadora de las futuras generaciones es el tema que debería de estar en boca de todos, y así promover que no está mal que la mujer regrese al hogar.

domingo, 28 de junio de 2009

Adiós a la Inocencia


Lo más increíble de un niño es que tiene ilusiones y está lleno de inocencia, que tiene el alma limpia y que tiene una gran fantasía. Lo más bonito de la niñez es la ternura que refleja y el amor que inspira. Un niño es lo que todo el mundo quisiera ser cuando la vida se comienza a encrudecer. ¿Cuánto tiempo dura la niñez? Normalmente se decía que hasta la adolescencia, alrededor de los trece años en una mujer y a los quince en un hombre. Pero esto no implica que estas criaturas tengan que perder su inocencia, aunque creo que esto ha ido cambiando con el paso de los años. ¿No es verdad que si platicas con un niño de diez años, su cabeza está totalmente revolucionada? Y ¿No es cierto que cuando nuestros padres eran niños, no tenían ni la mitad de las ideas que ahora tienen los chiquitos? Antes todo era un tabú, lo cual no era bueno, pero ahora todo está al desnudo ¿Sabes qué es lo que está pasando, por qué está todo cambiando tanto?


A mi manera de ver te voy a plantear mi hipótesis a esta situación. ¿Qué opinas de las revistas? Un ejemplo en concreto, “El Cosmopolitan”. Imagínate una de sus portadas, acuérdate cuáles son los títulos que aparecen junto a la modelo sensual de cada mes. Si quieres te doy una idea para que no te quemes el coco: “Cómo tener múltiples orgasmos” Ese es uno de los encabezados más comunes y dime si no te salta a la vista enseguida. Esta revista está destinada a jóvenes de diecisiete a treinta años, y te preguntarás ¿por qué tiene un rango de edad tan amplio? Pienso que se debe a que las mujeres de menos edad hoy en día se interesan más por ese tipo de temas. Ahora acuérdate de la revista “ERES”, que ya lleva varios años en circulación y cuando salió por primera vez a la venta, yo tenía como quince años. No me la perdía, siempre la compraba y lo que más me gustaba era leer el horóscopo y hacerme los dichosos tests. Han pasado ya casi veinte años de que salió, y pues ya no la compro. La verdad mis gustos cambiaron un poco como era de esperarse, puesto que la ERES está destinada a chavos y chavas de los trece a los veintiún años. Pero sin embargo, me encontré por ahí una de estas revistitas de las que salen ahora y me puse a leer la portada: Primero que nada sale (como desde hace mucho) una pareja conocida posando, la chava super sexy y sin problemas de ningún tipo, y el cuate pues ni se diga. Después comencé a leer y lo que primero llamó mi atención es el título que decía: “Estás embarazada, ¿Qué hacer?” WHAT! Me saqué de onda por completo, cómo puede ser que una revista de jóvenes (bastante jóvenes) tenga temas tan burdos. Claro que puede pasarle a cualquiera un embarazo inesperado, pero no crees que es un poco descarado el que una revista saque el tema tan a la ligera. Como diciendo, “bueno si te embarazas no pasa nada, aquí te decimos qué hacer”. Y déjenme decirles que la información no es amplia, ni concisa sino que solo llena páginas con texto. Bueno, mi propósito no es echarle tierra a ninguna revista en particular, sino que estoy observando los medios de comunicación. No sólo las revistas traen infamación muy avanzada y descarada, sino que también las películas, las telenovelas mexicanas, las gringas, los anuncios espectaculares, en fin. Piensa un poco y seguramente a tu lado hay algo que habla de sexo, drogas o muerte, y tiene toda una explicación. ¿A qué quiero llegar? Me pongo a pensar que mis hijas y serán una especie de adultitos, ya que sabrán mucho más de lo que un niño debe de saber a una cierta edad. Entonces yo como madre tendré que hablarles del orgasmo, del embarazo, de los homosexuales, de todos esos temas cuando apenas tengan ocho años. Seguramente estás pensando que es normal, que es lo mejor, y no estoy de acuerdo, ya que como lo mencioné “lo más bello de la niñez es la inocencia, ver la vida maravillosa, sin morbos”. De por sí, a mí ya me tocó estar bastante adelantada, imagínate a las futuras generaciones. No creo que sea justo que una revista o una película se encargue de explicare a los niños las cosas que le tocan a los padres, ni mucho menos que lo hagan de una manera distorsionada. Pues ese es el peligro, no el hecho de que se enteren, ya que tarde que temprano lo sabrán, sino que la información que les llega es interpretada de diferentes formas. Tal vez estés pensando que cada familia debe de cuidar a sus hijos y no dejarlos leer ese tipo de revistas, ni ver esas películas, pero es imposible. ¿Cómo vas a controlar lo que llevan a la escuela? Cuando estén en casa de algún amigo, ¿cómo sabes que no verán películas que tú no dejarías que vieran?


Creo que uno de los mejores ejemplos a todo esto es Inglaterra, en donde el porcentaje de adolescentes embarazadas es el más alto de Europa. Y el gobierno está desesperado por este hecho. Todo esto viene de que el Reino Unido no tiene censura de ningún tipo en ningún medio de comunicación. Las matanzas que ha habido por parte de niños (ni siquiera de adolescentes, sino niños) es culpa de la gran información que sufre nuestra especie. Pero qué se puede hacer en contra de toda una mafia, si lo que les interesa es el poder y el dinero, y contra eso es casi imposible luchar. Lo único que nos queda es hablar de estos temas con nuestros hijos, sacrificando su inocencia desde muy temprana edad, para que la información no les llegue distorsionada y por consiguiente no cometan errores que les afecten para toda la vida.

lunes, 22 de junio de 2009

El Tazón de Madera

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Se mudó de casa. Estaba solo y deseaba compartir en sus últimos días. Los años no pasaron en balde y ya las manos le temblaban. La vista era torpe y los pasos no eran tan fuertes como hace unos años. Toda la familia comía junta en la mesa. Pero las manos temblorosas y la vista enferma del abuelito hacían del alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, no era difícil que se derramara la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación:"Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo."Ya he tenido suficiente y estoy muy harto de esta situación."Derrama la leche; hace ruido al comer y tira la comida al suelo". Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor, pasaban los días y el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como había roto varios platos, su comida era servida en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.

Le preguntó suavemente: "¿Que estas haciendo?" Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá, para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos. Sonrío y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.


Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guío de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel. Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.


Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de sus hijos. Seamos instructores sabios y modelos a seguir. Con los años he aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo (triste pero muy cierto, además ellos fueron los que te tendieron la mano cuando caíste mientras aprendías a caminar, los que te atendieron cuando estabas enfermo...). Asimismo, he aprendido que aún tengo mucho que aprender y que debo pasar esto a todos los que me importan, por eso decidí publicar este escrito, para todos ustedes. Acuérdense siempre que la gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca como los hiciste sentir.

domingo, 21 de junio de 2009

Voto conciente Voto responsable


Faltan tan solo dos semanas para que una vez más los mexicanos ejerzamos nuestro derecho como votantes. Elegiremos 6 gobernadores, diputados federales y locales, presidentes municipales y jefes delegacionales.
Tristemente, hoy por hoy vivimos un desencanto político, un escepticismo partidista derivado de la falta de lealtad de los gobernantes. Varios de ellos han militado en más de dos partidos, lo cual hace pensar que si ni siquiera a sus ideales son leales, menos a nuestro país lo serán.
Vivimos una situación de inseguridad insostenible, preocupante por la cantidad de muertes que se pueden leer en los periódicos, escuchar en las noticias derivadas del narcotráfico, de las mafias que se aprovechan de la impunidad que vive México desde hace más de 20 años.
¿Votar o no votar? Es la pregunta que la mayoría se hace. Sin embargo hay quienes que han decidido asistir a las urnas, pero para anular su voto. ¿Con qué fin? Con el firme propósito de dar una lección a los candidatos y políticos en el poder. Con el afán de mostrar el descontento que se vive. Sin embargo, curiosamente aquellos que lo están pensando hacer son los mismos que en el 2000 buscaron una "Democracia" que acabara con 70 o más años de poder de un solo partido.
Son ellos mismos los que no están de acuerdo con lo que estamos viviendo, y es que no midieron las consecuencias cuando decidieron votar enérgicamente por el cambio Foxista. ¿A qué llevó esta desesperación de los electores? La mayoría jóvenes llamados de la "Generación de la Crisis" por haber pasado sexenio tras sexenio, devaluaciones, nacionalizaciones y desempleo al por mayor. Pues llevó a un vacío de poder que ya auguraban los expertos en aquél entonces.
El presidente no tiene control, es el legislativo quien maneja a México, pero ellos mismos no se ponen de acuerdo, lo cual nos convierte en un barco a la deriva, sin capitán.
Este 5 de julio, es muy importante que si votamos lo hagamos de manera informada y responsable. Sabiendo por quienes lo vamos a hacer, sin votar al azar. Y aquellos que decidan anular su sufragio, es imprescindible que no se vayan presumiéndolo sin hacer nada posteriormente. Porque de qué sirve haberse manifestado, si saliendo de la urna continuaremos como si nada hubiera sucedido.
Buscar hacer la diferencia y tratar de remediar aquello que nos molesta es nuestra labor. ¿Cómo? Eso ya es cosa de ustedes. Pero mientras se comprometan con México eso es suficiente.
Tú eres quien decides, vota responsablemente, vota concientemente, pero VOTA.

La Apariencia Discrimina





¿Conoces a Susan Boyle? Bueno brevemente les platico un poco de ella, y para que la escuchen cantar entren y vean el video en Youtube.com. Pues resulta que hay un concurso en Inglaterra llamado “Brtitain’s Got Talent” en el que la gente se inscribe para demostrar que tiene un talento y así saltar a la fama. Susan Boyle es una mujer escocesa, de 47 años de edad, desempleada para el momento en que se inscribió a dicho concurso y soltera. Al nacer, tras un parto difícil, Boyle fue brevemente privada de oxígeno, causándole leves daños en el cerebro y se le diagnosticó dificultades de aprendizaje. A parte de esto no es nada atractiva, es desaliñada, no se arregla físicamente y tiene varios kilos de más. Susan se inscribió en este concurso inglés para mostrar su habilidad para cantar, al pararse frente a los jueces, entre los cuales estaba Simon Cowel conocido también por participar en “Amercian Idol” y por ser muy severo al momento de calificar, al verla parada en el escenario, nadie esperaba nada de ella. ¿Por qué? Por el hecho de que estaba fea, mal arreglada y mayor de edad. En el video las caras de los jueces son evidentes.

Bueno como podrán imaginarse, en este caso sí se sentaron en la silla, es decir la dejaron cantar y la escucharon con la versión "I Dreamt a Dream" (Soñé un Sueño) del musical Los Miserables. La gente en el auditorio se paró, aplaudió, los jueces se volvieron locos de emoción, en fin, todos maravillados por lo que escuchaban y veían.

Juicios Explosivos

Los estereotipos son muy comunes en la sociedad. Nos hemos cerrado mentalmente a lo que vemos, sin dar la oportunidad de abrirnos a conocer aquello que solamente conocemos por fuera.

Los juicios explosivos, según los científicos son naturales en el ser humano. Es muy normal que automáticamente juzguemos por apariencia, y peor aún que discriminemos.

Niños

En los niños desde muy pequeños, podemos ver este fenómeno. Cuando algún chiquito usa anteojos para ver, lo llaman con nombres despectivos como “4 ojos”. A la niña gordita, la molestan por “tragona”. Y al torpe que no puede con los deportes, lo molestan por lento.

En la Oficina

Cuando alguien va a pedir trabajo, y llega con una presentación física desagradable, desaliñada, muy probablemente no le den el empleo.

Si un compañero de oficina no lleva carro a la oficina y utiliza en transporte público, también puede ser discriminado. O que no sepa hablar inglés, lo van a rechazar.

Son ejemplos coloquiales, que nos muestran que desde niños somos discriminatorios. Lo que es muy difícil de evitar por lo mismo que les platico que es un tema de naturaleza que traemos los humanos en nuestro interior, pero que tristemente se da.

Juzgar a las personas por su apariencia, las pone de manera muy rápida en una categoría impersonal. Se le quita el valor y se le ningunea. Se le maltrata sin siquiera permitirle mostrar sus habilidades interiores.

Historia

Hace muchos años, casi 400, la apariencia era un tema de vida o muerte. Si había un tuerto, lo aislaban, si eras zurdo creían que eras diabólico, si estábamos más alto que la mayoría, te temían.

Es decir, desde siempre, las apariencias discriminan, sin embargo, ya hemos pasado por la vida a través de varias generaciones que nos han hecho entender mejor este problema. Nos han hecho ver que es importante dejar a las personas mostrar su interior.

Para ello hay que permitir a la gente que se abra, porque está la gente que discrimina, pero los discriminados, no tienen la seguridad, ni la personalidad para poder mostrarse como son.

En la mayoría de los casos, porque una excepción es esta mujer de la que hemos estado hablando hoy, Susan Boyle, que a pesar de ser una mujer introvertida, como se puede ver en el video, fea, decidió que tenía en este concurso la oportunidad de su vida, mostrar un gran talento que estaba encarcelado en ese cuerpo poco atractivo y que solamente en la iglesia de su comunidad podía sacar debido a que es miembro del coro de dicha congregación.

¿Qué hacer?

Vamos mentalizándonos, desde que nos levantamos y pensemos en lo que queremos ser ante los ojos del mundo. Y así como tratemos a los demás, seremos tratados.

Es decir, aunque nos cueste trabajo una persona por el simple hecho de que no nos agrada a simple vista, dejarla que se libere y muestre su verdadero yo. Porque todos nosotros, muy en nuestro interior, guardamos un gran secreto, que es la verdad de cómo somos.

Seamos transparentes, y dejemos que los demás también lo sean.