¿Quién es Alejandra Diener?

Mi foto
*Madre y esposa *Escritora *Lic. en Economía y Mtra. en Ciencias de la Familia *Orientadora Familiar *Productora y conductora de Informando y Formando Radio y Neurona Digital Radio www.ndradio.fm www.informandoyformando.org contacto@informandoyformando.org

Bienvenida

Hola querido bloggero, gracias por entrar a este espacio que como su nombre lo dice, busca Informar y Formar a las personas que lo visiten. La idea de este proyecto es hablar con la verdad, promover valores y hacer conciencia ante la inconsciencia que pareciera vive nuestro mundo actual.

Es preciso que interactuemos para poder hacer un foro de información veraz. Te invito a que participes, si tienes propuestas que tengan el mismo propósito, serán bienvenidas puesto que si sumamos haremos la diferencia en realidad.

La familia, la educación de los hijos, el matrimonio como prioridad para que lo demás funcione de manera íntegra. La honestidad, una búsqueda de la generosidad imprescindible para poder actuar sin egoísmo, padecimiento de la humanidad que ocasiona tanta iniquidad, la moralidad esencial para la justicia imparcial. Todo esto y más son temas que busco explotar en este espacio virtual para enriquecer a sus lectores.

Asimismo, Informando y Formando quiere abrir los ojos de los cibernáutas para que no se dejen influir por la cultura de la muerte. La defensa de la vida, el respeto a la naturaleza, la importancia de la feminidad y de la complementariedad entre hombres y mujeres es preciso que se refrende para que la sociedad vuelva a encaminarse por el sendero de la ética.

Finalmente con el apoyo de videos, comunicados que se reciben de manera constante y artículos que esbozo para hacer digeribles los temas complicados, son las herramientas que constantemente podrás encontrar aquí.

Gracias por seguirme, me comprometes a hacer la diferencia.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

Alejandra Diener

****Escucha Informando y Formando Radio todos los lunes 9pm hora de México DF y si no puedes en vivo por aquí podrás escucharlo todos los días en PODCASTS.****


Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de mayo de 2011

Semana Santa: Color Misionero


Por: Jimena Serrano*
Estudiante de Bachillerato

Desde ya hace unos años, cada vez que pienso en Semana Santa instantáneamente pienso en Megamisiones. Este año fue mi sexto año en ir en semana santa de misiones y sinceramente es algo que no cambiaría.

Tres veces he ido a Familia Misionera. Aunque la gente al oír que vas a familia piensa que es lo más fácil y menos importante, es difícil tener todas las comodidades que quieres e igual levantarte temprano e irte a misionar. Las otras tres veces me he ido a Color Misionero (dos como niña y este año como responsable). Color Misionero consiste en ir grupos de niñas de segundo y tercero de secundario (y en algunos casos de primero) a un pueblo y entre ellas realizar todas las actividades.

Este año nos toco irnos a Pueblo Nuevo de los Ángeles, un pueblito cerca de Atlacomulco. El grupo estaba muy padre porque eran niñas de diferentes colegios católicos y todas lograron llevarse muy bien, que ayuda a que trabajen mejor con el pueblo.

Misionar se trata de ir de visiteo en las mañanas, es decir, ir de casa en casa hablando de la palabra de Dios, principalmente acerca de la Semana Santa y dependiendo el día, de algo en específico. Generalmente te reciben con los brazos abiertos y te ofrecen todo lo que tienen. Cada casa es diferente. Hay casas en las que realmente sientes que hiciste una diferencia porque no sabían nada y tú los escuchaste y hasta pudiste aconsejar. Sin embargo hay otras casas en las que funciona al revés. Te dan un gran ejemplo de vida impresionante y recibes más de lo que tú podrías dar. Al final todos te agradecen muchísimo que hayas pasado a visitarlos “hasta su casa” y que hayas platicado con ellos. Realmente para ellos es un gran honor recibirte en su casa.


Después regresamos al lugar donde nos toca dormir, que en esta ocasión era la casa parroquial que está a lado de la iglesia. Ahí comemos con las señoras que nos llevan la comida. La verdad es que muchas veces te dan de comer cosas a las que no estamos acostumbradas y llega a costar mucho trabajo, pero cuando piensas que estas señoras han dado todo lo que tienen y que de verdad lo hacen por nosotras, tienes que hacer un esfuerzo u ofrecerlo. Es un momento para compartir con ellos y comer todos juntos. Se turnan las comidas.

En la tarde tenemos diferentes actividades para los niños de todas las edades, jóvenes y señoras. Lo que a mí me gusta más es estar con los niñitos. Muchas veces son niños que están muy abandonados o que han tenido que crecer muy rápido y cuando juegas con ellos y les das de tu cariño te lo agradecen. Son los más felices; se bañan rápido, comen pronto, ayudan en su casa, para que cuando llegue la hora los dejen ir a las actividades y lleguen tempranito. Las señoras por su parte te dan una gran lección y ejemplo como cristianas porque se entregan completamente a Dios, en especial las que están más grandes, porque aunque les cuesta mucho caminar, van. Aprovechan todas las misas, rosarios, y actividades que tengamos, porque como no siempre las tienen a la mano, como nosotros lo tenemos, intentan ir a todas las que se pueden.

Por otra parte las misioneras tenemos otro tipo de actividades para nosotras también crecer y poder darnos a los demás. En las mañanas además de oración de la mañana, tenemos una meditación. A mí en lo personal esas meditaciones me motivaron mucho y creo que me ayudaron a entregarme más durante el día. También antes de irnos al visiteo hacíamos una actividad para prepararnos para el día, como una representación de cómo debe de ser una buena misionera, que hacer ante diferentes situaciones que se presentan en las casas, o hacer un examen de consciencia dinámicamente, entre otros.

También entre comidas teníamos tiempo libre y en diferentes ocasiones usamos ese tiempo para lavarnos el pelo ya que no contábamos con regaderas. También, era ahí donde las misioneras de diferentes colegios lograron conocerse y volverse muy buenas amigas.

En las noches, después de las actividades con la gente del pueblo, misa y rosario, cenábamos y después había diferentes actividades. Hicimos Jeopardy con preguntas de todo tipo, papelitos de adivínalo con mímica, vimos la Pasión de Cristo, entre otras cosas. La verdad esos momentos son muy buenos para que la semana no se haga tan pesada y con las ocurrencias de las niñas me reí horas.

Es una semana en la que se supone que tú vas a entregarte a la gente del pueblo, a llevar la palabra de Dios y enseñarles muchísimo a la gente que necesita de tí. Pero al final de la semana te das cuenta que ellos te dan más a ti, te enseñan muchísimas cosas y te motivan a ser mejor persona. Con el tiempo te vas desprendiendo de las cosas que al principio te costaban (no tener regadera, la comida, la comodidad de tu cama, etc.). La experiencia de Cristo se va notando en la actitud y entrega de todas las niñas. ¡Definitivamente es una experiencia que debes de tener antes de morirte!

*El contenido de este artículo es exclusiva responsabilidad de quien lo escribe. Informando y Formando se deslinda de cualquier situación relacionada al mismo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Entrevistas sobre la beatificación de Juan Pablo II #JPII


Este programa de radio que fue en emisión especial, puesto que se transmitió el domingo de la beatificación de S.S. Juan Pabo II fue un programa emotivo, internacional y muy enriquecedor. El Padre Jorge Enrique Mújica L.C. quien radica en Roma, Italia nos compartió los pormenores de tan espléndido evento y habló sobre la controversia en torno de Marcial Maciel y supuestos encubrimientos, así como también tuve la oportunidad de entrevistar a Patricio de Prévoisin quien fuera consejero de Aeroméxico en 1990 cuando el Papa vino a México y fue dicha aerolínea que patrocinó su viaje de Roma a nuestro país y dentro de la República. Patricio nos cuenta qué le dijo el Papa cuando se sentó junto a él en el trayecto Zacatecas / DF. Asimismo, Leticia Chávez ex diputada por el Estado de Guanajuato nos compartió los milagros avalados por Monseñor Oder (Postulador de la beatificación) de los cuales ha sido bendecida. Finalmente desde San Antonio, Texas Jackie Saba, convertida al judaísmo, nos platicó su gran experiencia como estudiante en el año de 1979 cuando tuvo la oportunidad que su colegio la llevara a ver al Papa.

No se pierdan este programa de una hora, es muy bueno, enriquecedor y hace revivir momentos del Papa mexicano. Dándole click al título podrán hacerlo y si reciben esta entrada por correo es necesario que ingresen al blog. ¡Gracias!

miércoles, 27 de abril de 2011

¿Por qué será la beatificación de #JPII el 1° de mayo? ¿SABES?

Hay una poderosa razón por la cual este primero de mayo S.S. el Papa Benedicto XVI ha decidido que se beatifique a Juan Pablo II. Ves el video y comprenderás.

Yo te invito este domingo 10am hora de México a que te conectes a www.alejandradiener.blogspot.com en donde entrevistaré al Padre Jorge Enrique Mújica que se encuentra en Roma, Italia y nos dará su opinión al haber vivido la beatificación. Asimismo, tendré como invitados a testimonios que conocieron a #JPII y testimonios que por intercesión del Papa tuvieron milagros en su vida.

¡¡No te lo puedes perder estará muy emotivo!!

NOTA: El VIDEO debe de ser visto desde el blog.


lunes, 7 de marzo de 2011

Juan Pablo II: Hombre de Carne y Hueso

“Igual que el deseo de mantener la existencia del propio ser procede del impulso de autoconservación, el deseo de compartir con otro ser humano, el deseo que brota de una gran semejanza y de la diferencia de vida a la separación de los sexos, se basa en el impulso sexual. Éste, con todo su dinamismo, y significado, se convierte en origen de la propagación de la vida; por eso se convierte, simultáneamente, en el impulso reproductor al que el hombre debe la preservación de su especie en la naturaleza. Este deseo natural es la base del matrimonio y por medio de la vida marital se convierte en fundamento de la familia.” Este escrito lo ha redactado hace ya varias décadas un hombre que muy a parte de su fama y de su gran ingerencia en la historia de la humanidad, era una persona de carne y hueso experto en antropología.

Este hombre influyente en la vida de los católicos primordialmente, pero sin duda alguna en el rumbo de la política mundial, es Karol Józef Wojtyła, el 264 Papa de la Iglesia Católica. Un hombre que vivió desde muy joven la separación de sus seres queridos, las atrocidades de la guerra, del comunismo, pero sobre todo aprendió a conocer a la persona humana con maestría. Desmenuzando al hombre nos demuestra en su obra “Persona y Acción” la indudable realidad de cómo es que el cuerpo humano está conformado. Nos enseña, nos corrobora que al unísono somos cuerpo y espíritu, y que en el espíritu tenemos las facultades exclusivas de nuestra propia especie; la inteligencia y la voluntad.

Karol, el Papa de carne y hueso se hizo mexicano de corazón, guadalupano por convicción y nunca separó las tradiciones ancestrales que nuestros indígenas mexicanos tienen desde siglos atrás. Con un gran respeto a la persona, supo combinar la importancia de los ritos aztecas, de las creencias politeístas y se dejó limpiar, cuando beatificaba a “San Juan Diego” encargando a nuestro pueblo siempre ser fieles. Nos dejó una relación personal, una intimidad envidiada por muchas naciones. Confió en nosotros y descansó sabiendo que cumpliríamos fielmente su mandato; evangelizar a aquellos que han perdido la fe.

En Karol, se podía comprender a la perfección el principio de subsidiariedad. La magnificencia del respeto a los demás, nos lo demostró al mejorar las relaciones entre el judaísmo, el Islam, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Anglicana. Años atrás ya gestaba lo que en su pontificado realizaría en sus obras antropológicas y filosóficas y decía: “El individualismo ve en el individuo el bien supremo y fundamental, al que se deben subordinar todos los intereses de la comunidad o sociedad, mientras que el totalitarismo objetivo, se basa en el principio contrario, y subordina incondicionalmente al individuo, a la comunidad o sociedad.”

Karol el amigo de los jóvenes, no en vano creó las Jornadas Mundiales de la Juventud, el amigo de los niños porque hasta cómics de su vida hay. El amigo de las familias, de las madres desamparadas, de los más desprotegidos, el amigo políglota y viajero del mundo. Karol, el Papa que se propuso posicionar a la Iglesia como el faro del mundo contemporáneo.

Esta semana renacerá el hombre de carne y hueso, el Papa internacional será beatificado justamente el mismo mes que nació. Nació el 18 de mayo de 1920, en Cracovia, Polonia, y el 13 de mayo de 1981 el turco Mehmet Ali Agca, lo hirió de bala recuperándose y volviendo a vivir, ahora de una forma especial vivirá eternamente como beato ya que el 1° de mayo será ahora el Beato Juan Pablo II.

Con su legado, con su historia generaciones enteras tendrán un ejemplo a seguir, un hombre santo pero que de carne y hueso nos enseñó a que viviendo al servicio de los demás, hacemos de la vida un paraíso terrenal. Nos recordará siempre que el prójimo es nuestro hermano, que debemos de ser generosos y caritativos. “La idea de prójimo nos obliga no solo a reconocer, sino también a valorar aquello que dentro del hombre es independiente de su condición de miembro de cualquier comunidad, nos obliga a observar y apreciar en él algo que es mucho más absoluto.” Juan Pablo II nos recordaba en sus estudios antropológicos la importancia de concientizar que vivimos en comunidad y que tal hecho nos debía obligar a aprender a respetar y convivir con los demás. “La noción de prójimo se refiere a la realidad más amplia, a la más común y también a los más amplios fundamentos de la comunidad interhumana.”

Sin embargo, siempre supo hablar de la verdad basada en la realidad y no en ideas particulares, promoviendo un compromiso ético y social: Asumiendo la defensa de la dignidad de la persona y los derechos humanos, así como la promoción de la diversidad cultural de los pueblos y el impulso de la justicia social y la moral personal. Fue un opositor por igual de las dictaduras marxistas y del capitalismo liberal y, muy especialmente, siempre defendió la vida y la familia condenando el aborto, la contracepción y la fecundación artificial. Juan Pablo II nos enseñó que hay una cultura de la muerte fruto de un materialismo occidental, hedonista y relativista.

Este mes de mayo, Karol volverá a nacer pero esta vez para siempre, el Papa humano, enamorado de la vida, implacable, ejemplar, un hombre de carne y hueso que permanecerá en nuestros corazones con optimismo y claro está, nos deja una llama de fuego que nos permite tener certeza de que este mundo mejorará.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

viernes, 4 de marzo de 2011

"Dios paró mis piernas y puso a caminar mi alma"

Pronto entrevistaré a Mariana Barragán en "Edificando la Familia Mexicana" y para "Informando y Formando". Me acompañará a transmitir su mensaje a mis alumnas...espérala es una luz en el camino de este túnel que pareciera no tener final.

domingo, 3 de octubre de 2010

Católico por convicción o por obligación


Para los católicos apostólicos y romanos, la Celebración Eucarística es el centro de toda vida cristiana, es decir, en la Sagrada Eucaristía se contiene todo tesoro espiritual de la Iglesia. La misa en pocas palabras es el momento para todo cristiano de poder estar en presencia de Jesucristo y participar en un sacrificio incruento, pero finalmente un sacrificio que revive el ofrecimiento de Jesús por nuestra salvación y redención. Es una oportunidad única para estar en la presencia de Cristo vivo y para recibir su cuerpo y su sangre. Lo anterior al menos es lo que la Religión Católica dice que es lo que Jesucristo nos dejó al instituir la Eucaristía hace más de dos mil años. En los Evangelios podemos constatar los pasos que Jesús dio y las enseñanzas que nos dejó. No obstante a lo largo de los siglos se han intentado desacreditar, se ha cuestionado la autenticidad de las Sagradas Escrituras.

Tanto los Evangelios como los Hechos de los Apóstoles, que fueron escritos varias décadas después de la muerte de Cristo, los leyeron miles y miles de cristianos que habían conocido la vida y las enseñanzas del Señor de boca de los mismos Apóstoles y de otros discípulos. Luego, han sido examinados y analizados minuciosamente por sabios, historiadores y exegetas (muchos de ellos hostiles al cristianismo) a lo largo de diecinueve siglos, pero todos los intentos de desacreditarlos o desvirtuarlos han fracasado miserablemente.

En este sentido, algunos han puesto de relieve que los cuatro evangelios contienen una serie de contradicciones, que no concuerdan en todos los puntos, pero como un eminente comentarista ha dicho, eso prueba más bien su autenticidad, pues no otra cosa puede esperarse de cuatro observadores distintos que informan sobre un mismo tema. Coincidiendo con Louis de Whol en su obra “Fundada sobre Roca”, es imposible que distintas personas vean y cuenten una misma cosa de la misma manera y que concuerden en todos los detalles. Si los cuatro evangelistas hubieran dicho exactamente lo mismo, no habría faltado quien los acusara de complicidad, de haberse puesto de acuerdo. Es decir, que una coincidencia plena habría supuesto una seria sospecha de fraude.

Entonces si todo lo anterior habla de un Dios encarnado entre la humanidad, de su legado, de sus promesas, de su magnificencia tan fácil de alcanzar, de su cercanía en cualquier Iglesia, ¿por qué hay tanta deserción de fieles católicos de la Iglesia de Cristo? En nuestro país, México, somos predominantemente una sociedad católica (censo año 2000), el 87,9% de la población de 5 años y más se identificó como católica, sin embargo, una cifra alarmante me lleva a escribir este artículo puesto que solamente el 46% asiste a la iglesia regularmente. Solamente la mitad de aquellos que se hacen llamar católicos, deciden asistir a ese sacrificio incruento que Jesucristo dejó.

La población mexicana, según cifras del INEGI para el 2008, en promedio éramos 106.682.518, y de este total, 74 millones en promedio de católicos. La realidad de las cosas es que el porcentaje de católicos ha estado decayendo durante las últimas cuatro décadas, del 98% en 1950 a 87,9% en el 2000. El crecimiento promedio anual de católicos de 1990 al 2000 fue de 1,7%, mientras que el de los no-católicos fue de 3,7%. Dado que la tasa de crecimiento promedio anual de la población durante el mismo periodo fue de 1,8%, es un hecho que el porcentaje de católicos continúa decreciendo.

Al respecto, cabe mencionar que tras la creciente ola de escándalos de pedofilia en la Iglesia Católica, aunado a la supuesta carente actualización y modernización del Magisterio de la Iglesia, por vivir en una época pragmática que no encaja con los ideales de la misma, la celebración de la Misa también se ha visto afectada por todos estos problemas que han hecho apartarse a todos aquellos que no tienen su fe bien cimentada.

En este escrito me gustaría mencionar que considero que la falta de fe, sobrepasada por la razón, ha sido la principal causa de la deserción de creyentes y no como argumentan en su mayoría, las faltas cometidas por los hombres integrantes del Magisterio, que innegablemente han ofendido a Dios y claro está, a sus feligreses.

Finalmente, como católica, apostólica y romana que soy me siento con la obligación de hacer un llamado tanto a las familias como al Magisterio para que se actúe con la intención de fortalecer la fe de los católicos. La fe es un don que si no la alimentamos permanece en potencia y no rinde sus frutos. Si verdaderamente creyéramos que Cristo Vivo se encuentra en la Eucaristía, no permitiríamos que los actos humanos que evidentemente son inaceptables, nos privaran de asistir a la Celebración Eucarística. Una fe sobrepasada por la razón, así como la razón sobrepasada por la fe ciertamente ocasiona un desequilibrio en la persona humana.

Actualmente la relación entre la fe y la razón exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La relación actual entre la fe y la razón exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal.

Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser. Por ello, a pesar del breve espacio en el que me decidí escribir sobre dicho tema, quiero hacer notar que es relevante detenernos a pensar qué es lo que está sucediendo en las vidas de los católicos, saber si en realidad somos católicos por convicción o por costumbre u obligación, y percatarnos si es necesario hacer un alto en nuestras vidas y recurrir a las distintas herramientas, como es la oración, que facilitan el fortalecimiento de la fe, para que sin importar los actos humanos suscitados constantemente que ofenden a la humanidad, no abandonemos al Cristo Vivo que tenemos en la Eucaristía aguardando nuestra visita frecuente.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

martes, 14 de septiembre de 2010

Manifiesto Interdenominacional


Miércoles, 25 de agosto 2010

El pasado 25 de agosto, en Conferencia de Prensa, varias Asociaciones Religiosas presentaron y suscribieron el siguiente Manifiesto Interdenominacional: Con ocasión de las recientes acciones de intolerancia hacia la Libertad Religiosa, derecho fundamental de todo ser humano, que ha sido vulnerado en México, los que suscribimos este documento, deseamos hacer Manifiesto:

1) Que la Iglesia, iglesias, comunidades, instituciones, y toda Asociación Religiosa, debe ser considerada como el conjunto de creyentes que la componen porque son quienes dan forma y vida a las manifestaciones de la comunidad en la que viven sus diversos credos y porque han depositado en sus pastores y guías su confianza para creer y vivir en la Fe.

2) Que los ministros de culto no debemos ser silenciados bajo ninguna circunstancia, porque es nuestro deber y obligación guiar las conciencias de los miembros de las comunidades a las que orientamos en la vivencia de todo aquello en lo que, en conjunto, creemos, porque creemos en Dios, en lo sagrado y en lo divino.

3) Que el Estado laico no puede ni debe ser persecutorio de las opiniones de los ministros de culto, ni pretender silenciar sus manifestaciones públicas, porque éstas son la adecuada guía, que el Estado no conoce, para el conjunto de los creyentes, a fin de sostener la relación entre la creatura y Dios-Creador.

4) Que en la revisión y análisis de toda iniciativa de ley que se relacione con la vida humana, con la moral y con la bioética, deben ser escuchadas las opiniones de los ministros de culto de los diversos credos y religiones.

5) Que en la aprobación de las recientes leyes, que son atentatorias de la vida humana, de la moral, de la bioética, de la familia y del matrimonio, no fueron escuchadas ni atendidas las constantes manifestaciones religiosas en su favor y defensa.

6) Que políticos y gobernantes deben abstenerse de hacer uso y abuso del término Estado laico como una expresión que les conceda la oportunidad de acallar las voces y las conciencias religiosas del Pueblo creyente y de sus pastores.

7) Que la expresión Tolerancia religiosa debe ser sustituida por el término Libertad religiosa porque es más amplio y porque expresa en sí mismo un reconocimiento público al derecho humano de la Libertad de creer y de manifestar libremente aquello en lo que se cree, en lugar de entenderse como una dádiva emanada de quien la concede.

8) Que periodistas y comunicadores deben evitar denotaciones, así como pronunciar adjetivos peyorativos hacia los ministros de culto de las diversas asociaciones religiosas pues deben considerar que toda ofensa a los representantes de la Iglesia, iglesias, comunidades e instituciones religiosas puede ser recibida como una ofensa a lo divino y a quienes en Dios creemos.

Por lo anterior, en representación de nuestros feligreses confiados por el Dador de la vida a nuestro cuidado, exigimos:

1) Que bajo los términos Iglesia, iglesias, comunidades, instituciones y asociaciones religiosas, se reconozca a todo el conjunto de correligionarios laicos y se consideren sus aspiraciones y deseos de libre ejercicio y manifestación de sus creencias, a partir de sus propias voces confiadas a sus pastores y ministros de culto.

2) Que se respete todo pronunciamiento, privado o público, de los ministros de culto como la expresión de una manifestación a favor de la moral y del Bien común.

3) Que el Estado laico no pretenda extralimitar sus funciones a partir de una laicidad mal entendida como un laicismo militante o persecutor.

4) Que se respete la Ley Natural por encima de toda ley humana para que sea conforme a la realidad y no una imposición del capricho del gobernante en turno.

5) Que las leyes recientemente aprobadas, que son atentatorias de la vida humana, de la moral, de la bioética, de la familia y del matrimonio, sean derogadas de inmediato.

6) Que políticos y gobernantes abandonen las pretensiones de acallar las voces de los pastores del Pueblo de Dios en sus diversas formas y manifestaciones de culto.

7) Que los periodistas y comunicadores cuiden sus expresiones hacia la Fe, la Iglesia, las iglesias, comunidades, instituciones y asociaciones religiosas a fin de no herir los sentimientos de los creyentes en Dios.

8) Un trato amable y decoroso por parte de políticos y gobernantes hacia todos los ministros de culto y hacia el Pueblo creyente.

9) Que en la Constitución se reconozca la Libertad Religiosa como un derecho fundamental de los mexicanos.

Suscrito por Católicos, Luteranos, Krishnas, Metodistas, Maronitas y Greco-Melquitas, es el primer documento, de otros más, que estarán otorgando voz a quienes algunos gobernantes, en deterioro del Estado Laico, pretenden callar.

martes, 13 de abril de 2010

En medio del escándalo, el Reino se hace evidente


¿Qué es el Reino? Siempre me preguntaba una vez que entré a un colegio de mujeres llamado “El Colegio del Bosque”. Venía yo de una escuela laica, alemana en donde la disciplina y las costumbres germanas se me inculcaron durante diez años. También venía yo de una familia católica, que acudía a misa los domingos, y que en realidad los valores y las buenas costumbres siempre se me enseñaron.

¿Qué es el Reino? Preguntaba yo incansablemente a mis amigas de la escuela femenina, en especial a una de ellas que en repetidas ocasiones me decía que no podía verme entre semana, ya que “tenía que ir al Reino”.

Por Dios, ¿qué es ese Reino? Me imaginaba todo, pensaba en el “reino animal”, el “reino fungi”, bueno hasta el reino del Reino Unido. Siempre me lo cuestionaba, hasta que un buen día le pregunté directamente a esta compañera mía que qué era precisamente ese Reino al que ella se refería. Simplemente me miró con una cara que delataba un tanto de complicación para explicar con detalle en tan poco tiempo, y sin más ni menos me invitó a que la acompañara a un retiro espiritual el fin de semana. El camión saldría temprano de la escuela y me dijo que sería en las cercanías de Toluca, en un rancho llamado “El Dorado”.

Les comenté a mis padres, y me dieron el permiso de ir. El viernes llegó y con mi mochila, a mis dieciséis años, me presenté a la cita con puntualidad para irme a un retiro espiritual, con la esperanza de descubrir qué era eso que esta amiga mía llamaba Reino y que con frecuencia me quitaba su compañía. Cuando me vio llegar una de las señoritas consagradas de mi colegio, me miró con gran sorpresa y asombro, y me comentó que yo no debía de estar ahí, pero le dije que mi amiga me había invitado y que estaba preparada, entonces con una sonrisa en sus labios me dio la bienvenida y es así como subí al autobús que me daría esa respuesta tan anhelada.

El viaje fue largo y llegamos a una hacienda muy linda, éramos muchas mujeres jóvenes, y todas menos yo, sabían qué era el Reino, sin embargo a pesar de mi ignorancia, en mi interior presentía que me acercaba a algo muy interesante. Pasamos tres días en ese lugar del Estado de México, rezamos mucho, aprendí cosas nuevas, me dí cuenta que estaba entrando a algo que no esperaba en mi vida. Era en realidad un retiro de renovación, es decir, un retiro para personas pertenecientes al Movimiento Regnum Christi, y yo como no era miembro, pues por eso no debía de haber ido. Como lo pueden leer, sin importarme fui y me incorporé. Hice mis compromisos, me asignaron un equipo para reunirme con ellos una vez por semana y así poder decir que yo también iba al Reino. En fin, en la ceremonia de clausura del retiro, recibí un crucifijo, un manual de oraciones y mi plan de vida. ¡Qué maravilla, todo en charola de plata! Eran herramientas que me acercarían más a Dios, más a sacar lo mejor de mi misma, armas para combatir todo lo que la bondad en mi ser se pudiera tergiversar por lo mundano que nos hace ruido constantemente.

La realidad de la vida volvió una vez que terminó este retiro, y el curso normal de la monotonía, de lo cotidiano regresaron a la normalidad. A pesar de haberme incorporado al Movimiento Regnum Christi, seguía con la duda de ¿qué en realidad era ese Reino? Sabía que era un movimiento llamado Legionarios de Cristo, que había sido fundado por un mexicano de Michoacán llamado Marcial Maciel, a quien en alguna ocasión pude saludar. Sabía que era algo parecido al Opus Dei, sabía que era de religión católica apostólica y romana, sabía que era para ayudarme a continuar por el camino correcto hacia mi trascendencia. Pero también sabía que muchos lo criticaban, que muchos lo llamaban despectivamente “Los Millonarios de Cristo”, y con los años, fueron diciendo cosas peores. Se decía que su fundador había hecho cosas terribles, y muchos negaban, tanto que hasta yo misma no podía creer por las bondades y maravillas que se dejaban ver en todas sus escuelas, universidades, obras de beneficencia. ¿Cómo era posible que de tanta podredumbre que decían del Padre Maciel, saliera tanta benevolencia? En mi cabeza no se podía concebir.

Trabajé, me casé, tuve hijos, y los caminos siempre me acercaban a esa respuesta que aún hasta hace poco no podía responderme ¿Qué es el Reino? Y las atrocidades que se decían en contra del Movimiento iban en aumento, hasta que hoy por hoy, es un hecho que no se puede ya defender, que es imprescindible reconocer y sobre todo, saber que no me corresponde a mi juzgar ni criticar. El fundador falló, defraudó a sus miembros, a su Iglesia. Hecho que me entristece, me estremece, me atemoriza, puesto que me revive la debilidad de la carne que nos caracteriza a los seres humanos y la constante amenaza de las pasiones. Y peor aún, me duele porque más allá de lo perversa y espantosa que es la realidad, los miembros estamos expuestos a las burlas de aquellos que disfrutan de la desventura de los que alguna vez fueron exitosos.

Es increíble ver cómo al ser humano le enfurece que a alguien le vaya bien, pero cómo le satisface que flaqueé y que se tambaleé. Amistades que promueven en las reuniones sociales encolerizar a quiénes nos saben afines al Movimiento, como sintiendo orgullo y placer al hacernos entristecer, y enojar a sus supuestos amigos. Ofendiendo, burlándose, de algo que no somos culpables, más sin embargo que cargamos por apoyar y participar en las buenas obras del Movimiento.

Hoy en día, vivimos unos momentos espantosos de turbulencia, que nos hacen afligirnos como miembros del Regnum Christi, pero que aún sabiendo todo lo que está a la vista, nos sigue moviendo ese Reino del que hablo al inicio del escrito. Puesto que a mí en lo personal, hay algo que no deja de moverme, de decirme que ese Reino me llama desde que soy adolescente. Sin que nadie me presione, sin que nadie me quiera convencer, de manera natural, y por qué no también sobrenatural, siempre me ha llegado para que vaya descubriendo la respuesta que desde hace tantos años me invade.

Finalmente, hoy puedo decir que la respuesta llegó. Por más raro que pueda sonar, gracias a las ilicitudes que cometió el fundador del Regnum Christi, he descubierto que la obra estuvo precisamente planeada de esta manera para que diéramos cuenta de que Marcial Maciel fue simplemente un instrumento para dar vida a una creación divina. Sin embargo, para que no haya duda, él falló gravemente y su obra continúa impecable, dando frutos, vocaciones, educando a la población, fortaleciendo a la institución de la familia, haciendo obras benéficas.

El Reino, es una de las obras creadas por Dios, para que los hombres nos acerquemos a El a través del Movimiento. Lo que haya hecho el fundador, es tan triste que cualquier institución terrena ya se habría terminado, aniquilado, pulverizado. El Reino, es el Reino que Dios quiere para toda la humanidad. Está en uno saber qué caminos tomar para poder seguir al verdadero fundador.

¡Gracias Legionarios de Cristo por esta aventura!

*Alejandra Diener es autora del libro “Vestigios. Comentarios de la Vida”, es periodista, licenciada en economía, especialista del programa de radio “Edificando la Familia Mexicana” en Radio Centro y candidata a la Maestría en Ciencias de la Familia.

www.alejandradiener.blogspot.com

domingo, 21 de marzo de 2010

DOCUMENTO ESCRITO POR UN JUDÍO



Siéntete orgulloso de ser Católico (extractos de un artículo escrito por Sam Miller, prominente empresario judío de Cleveland NO CATÓLICO)

"¿Porqué se ensañan los periódicos en continuar una Vendetta sobre una de las más importantes instituciones hoy en los Estados Unidos, de nombre Iglesia Católica?

¿Sabía usted que la iglesia católica educa a 2.6millones de estudiantes costándole a su iglesia 10 mil millones de dólares, y por ende ahorrándole a la contraparte de contribuyentes norteamericanos 18 mil millones de dólares?

Sus estudiantes terminan sus estudios universitarios a razón de 92% todos con cargo a ustedes como católicos... Para el resto de los americanos es GRATIS.

La Iglesia cuenta con 230 Colleges y Universidades en los Estados Unidos con un reclutamiento de 700,000 estudiantes.

La Iglesia Católica tiene un sistema de 637 hospitales sin fines de lucro en los cuales se atiende hoy en día a 1 de cada 5 personas. (NO SOLO CATÓLICOS) en Estados Unidos.

Pero la prensa está ensañada y tratando por todos los medios posibles denigrar totalmente a la Iglesia Católica de este país. Han culpado de la enfermedad de la pedofilia a la Iglesia Católica, lo cual es igual de irresponsable que inculpar el adulterio sobre la institución del matrimonio.

Déjenme darles algunas figuras que ustedes como católicos deberían recordar. Por ejemplo: 12% de 300 miembros del clero protestante encuestados admitieron haber tenido relaciones sexuales con algún feligrés; 38% reconoció algún otro tipo de contacto sexual inapropiado.

En un estudio llevado a cabo por la United Methodist Church, 41.8% de las mujeres del clero encuestadas reportó abusos en comportamientos sexuales no deseados; 17 % de las mujeres LAICAS han sufrido hostigamiento sexual.

Mientras que sólo el 1.7 % del clero católico ha sido encontrado culpable de pedofilia, 10% de los ministros protestantes han sido encontrados culpables de pedofilia.

Este NO es un problema de los católicos. Un estudio acerca de los sacerdotes americanos mostró que la mayoría se encuentra feliz desempeñando su sacerdocio y que lo han encontrado mejor aún de lo que suponían, y que la mayoría, si se les presentara la alternativa, volverían a escoger el sacerdocio de cara a todos estos ataques infames que ha estado recibiendo la iglesia católica.

La Iglesia Católica se encuentra sangrando de heridas autoinflingidas. La agonía que los católicos han sentido y sufrido no es necesariamente culpa de la iglesia. Ustedes han sido dañados por un pequeño número de sacerdotes desviados quienes para ahora probablemente han sido ya arrancados. Caminen con sus hombros rectos y su frente en alto. Siéntanse orgullosos de ser miembros de la agencia no gubernamental más importante en los Estados Unidos.

Y luego recuerden lo que dijo el profeta Jeremías: Permanezcan en los caminos, y busquen y pregunten por las rutas ancestrales, donde se encuentra el bien y caminen por ellas, y encuentren descanso a sus almas.

Defiendan su fe con orgullo y reverencia y comprendan lo que su religión hace por todas las demás religiones".

¡SIÉNTETE ORGULLOSO DE SER CATÓLICO!

lunes, 7 de diciembre de 2009

Manos hacia el Cielo


Por Marion Fernández Cueto

Hay una línea en las Escrituras que siempre me irritó: Timoteo 2:15, y durante años no pude leerla sin desear lanzar mi Biblia contra la pared. “Con todo, la mujer”, escribe San Pablo, “se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad." Su misoginia bautizada era lo suficientemente insultante (qué típico es disponer la salvación de la mujer dentro de su límite social de descalza y embarazada servidumbre), sin embargo debajo de eso acechaba un daño aún más devastador: la idea de que la santidad de la mujer estaba amarrada a la maternidad. Esto solo significaba una condena para mí, pensé, porque la faena del parto era lo último a lo que yo aspiraba.

Entonces me enamoré de un hombre que deseaba tener hijos, en la misma forma en que mis antiguos amigos habían soñado con televisores de plasma. Mientras él me cortejaba y me seguía, comprendí que no era la maternidad per se, lo que por tanto tiempo había temido y de lo que me había burlado; era la muerte absoluta de mí misma vinculada a la maternidad. Mi individualismo y mi egoísmo estaban vivos y muy bien, fomentados por casi una década de independencia, durante la cual mi tiempo, decisiones, dinero, planes y mi cuerpo habían permanecido únicamente míos propios. La idea del matrimonio me entusiasmaba (no era ningún sacrificio amar a Andrés), pero los niños no me brindaban una natural tentación hacia la auto-oblación. Como la tibia súplica de castidad de San Agustín, yo no quería que mi egoísmo fuese castigado del todo, todavía.

Pero San Juan escribe que el amor perfecto aleja al miedo y esto es cierto aún en amores imperfectos como el nuestro: Un año después de nuestra boda nos encontramos rogando que yo pudiera quedar embarazada. Dos días después me embaracé. Si digo que salté de gusto sería mentira -nunca esperé que la respuesta nos llegara por entrega inmediata de un día para otro. Pero estábamos admirados ante esta nueva vida que Dios y nuestra unión habían forjado.

Mi embarazo progresó con una feliz calidez: me puse gorda y contenta como un gato romano, sin molestias de nauseas al levantarme. Hice las compras y la limpieza, cociné y congelé alimentos, pedí libros sobre paternidad y entrevisté doulas en un dichoso torbellino de organización. Me encontré soñando con escenas domésticas tanto tiempo despreciadas, una maraña de alegres hermanos para nuestro hijo y una cocina fragante de comida caliente y bromas cariñosas. Finalmente, pensé, estaba lista para convertirme en madre.

Entonces nació Dominic. Aún recuerdo mi sentimiento de incredulidad cuando una enfermera nocturna me despertó por primera vez para alimentarlo, cuando me parecía que tan solo unos minutos antes había tenido un trabajo de parto agotador. Miré el reloj - 2:20 a.m. - y luego a mi lloriqueante y arrugadito bebé, y supe, como Napoleón en Waterloo, que el fin había llegado -- el fin de mi vida como yo la conocía y como a mí me gustaba. Este niño, esta responsabilidad, eran míos por el resto de mi vida.

Sentí una gran ola de resentimiento de que Dios me haya permitido dar la bienvenida a un embarazo al mismo tiempo que me proporcionaba apenas un jirón de vago instinto maternal después del parto. Sabía que mis hormonas atacaban a ciegas, pero me sentí cegada y traicionada. ¿Dónde estaba la gracia que me había inundado durante los nueve meses previos? En ese momento yo no deseaba más que retroceder el tiempo hasta esa noche de septiembre en la que por vez primera rogamos a Dios por un bebé, y posponer nuestra oración otros dos años. Yo quería devolverle mi hijo a la enfermera y replicarle, “Amamántalo tu.” Yo ya soy una madre miserable, pensé. Pobre, inocente, malaventurado Dominic.

En alguna parte yo había asumido que si solamente hubiese suplicado con suficiente fuerza para obtener la gracia cuando acepté el embarazo, junto con mi hijo habría nacido una buena madre. Había olvidado esa carta elemental en la teología Católica: que la gracia se construye de la propia naturaleza. Las oraciones no son fórmulas mágicas y ninguna iba a transformar instantáneamente mi hábito de egoísmo fomentado durante tanto tiempo, en un entusiasta espíritu de autosacrificio. En lugar de eso, durante las semanas y los meses subsecuentes, un Salvador amoroso me pediría tomar mi cruz y aprender a seguirlo. Al obedecer, descubriría que Dios rara vez llama a los bien equipados. Si pidiésemos cooperar en nuestra propia salvación es solo porque El da lo necesario a aquellos a quienes llama.

Mientras tanto, Dominic no sabía que era pobre y malaventurado. Era un bebé casi perfecto en todos sentidos, de límpidos y azules ojos, traviesas y rosadas sonrisas. Yo lo abrazaba y lo bañaba, le hacía cosquillas y le cantaba, y presumía sin pena cualquiera de sus nuevas hazañas. Cuando dormía su siesta en nuestra cama sonrojado por un dulce sueño, me acostaba junto a él y murmuraba mi amor infinito en sus rubios y húmedos rizos. A pesar de todo esto, me rebelaba. Una voz en mi cabeza hacía eco al viejo grito de Lucifer: non serviam -- Yo no serviré. “Eres demasiado buena para esto,” decía la voz. “Fuiste hecha para cosas mejores -- no para el tedio sin fin de pañales, trastes y ropa sucia que entume la mente. ¿Dónde están el glamour, el estímulo intelectual, las oportunidades y ascensos que todavía te mereces? ¿Es realmente esto lo que Dios quería para ti?”

La voz reaparecía cada mañana mientras observaba al ejército de abogados y pasantes paseándose por la Calle 16 con sus vasos de café y sus portafolios, y sus carreras. Cada joven mujer inteligentemente vestida, con el lujo de poder conversar en su celular o iPod, representaba una vida que yo ya no podía tener, oportunidades y experiencias que nunca serían las mías. “¿Ya lo ves?” la voz me punzaba. “¿Ya lo ves?”

Claro que cada resbalón hacia la autocompasión desencadenaba una mayor avalancha de culpa. A todo lo ancho del mundo las mujeres estaban luchando contra la infertilidad, los abortos espontáneos, la muerte de un hijo, o los recién nacidos con enfermedades crueles y debilitantes. Miles de nuevas madres nunca tendrían el lujo de poder escoger entre volver o no al trabajo. Muchas más carecían de un esposo sensible que las cuidara, o de cualquier alma caritativa que las apoyara durante los trastornados primeros meses. Yo me odiaba absolutamente a mi misma por irritarme bajo la ligera carga que Dominic representaba; sabía en el fondo lo afortunada que era, cuán ridículo era mi burgués malestar -- entonces mi autorenuencia se acumulaba. Alcancé mi punto de quebranto una tarde mientras caminaba con Dominic frente a la Catedral de San Mateo. Un vagabundo parado en la esquina dio un largo vistazo a mi carreola y a su durmiente carga e inexplicablemente sacó un condón de su bolsillo. “Si hubieras utilizado uno de estos,” dijo socarronamente, “no lo hubieras tenido.”

Conmovida, supe que aquel hombre había articulado el mismísimo pensamiento que había surgido como demoníaco espectro durante más de una de mis noches sin sueño. Ese condón representaba cada tentación experimentada en mi lucha por abrirme a la vida, cada alternativa prohibida que pude haber tomado al tiempo que luchaba por recibir con regocijo, primero el embarazo y después a Dominic.

Enferma de vergüenza, busqué a un sacerdote para confesarme. Con el suave pero exacto sondeo de un experimentado confesor, me pidió nombrar lo que yo preferiría estar haciendo. “Anda, imagínalo,” me rogó. “Digamos que puedes dejar a tu familia y a tus responsabilidades. ¿Que es lo que quieres?”

Mis respuestas las tenía penosamente listas. “Quiero ver el resto del mundo,” le dije. “Quiero ser el corresponsal extranjero para lo cual me preparé. Quiero tomar mi café mañanero en silencio, leer el periódico sin interrupciones. Quiero dormir hasta el medio día los sábados -- o al menos durante toda la noche. Quiero mi tiempo, mi espacio, mi horario, mis planes, mi paz, mi tranquilidad… me quiero a mi misma de regreso otra vez. Solo quiero ser yo misma de nuevo.”

El sacerdote clavó su mirada sobre mí, sus ojos bañados de compasión. “Todos queremos eso,” dijo suavemente. “Pero sirviéndonos, viviendo para nosotros mismos… ¿qué nos dice el Evangelio sobre eso? ‘Aquel que busque salvar su vida, la perderá.’ ‘A menos que el grano de trigo caiga en la tierra…’ Sabemos que no podemos encontrar la felicidad de ese modo.”

“Póngame a prueba,” secretamente pensé.

No mucho tiempo después, Dios se encargó de mí en mi reto silencioso: Cuando una vieja amiga de la universidad vino de Francia se me dio la oportunidad de ver, al estilo de George Bailey (personaje interpretado por James Stuart en una película navideña de 1946), cómo hubiera sido mi vida sin Dominic.

Veronique -- guapa, soltera y pintora políglota -- estaba viviendo la misma fantasía que yo traté de articular a mi confesor. Ella volaba alrededor del mundo aparentemente sin responsabilidad alguna entre su siguiente capricho y la realidad. Su familia estaba distante; sus trabajos al igual que sus intereses románticos, eran esporádicos y provisionales; todos ellos impotentes ante la tentación de nuevos riesgos y continentes. Yo estaba impaciente por escuchar sus historias, por empaparme del resplandeciente esplendor de su vida. Al invitarla una tarde a tomar el té, me fortalecí por el destello de piedad que varias veces vislumbré en sus ojos gracias a mi cada vez más predecible y gris existencia (esposo, hijo, hipoteca, minivan.)

Eso nunca le llegó. Veronique se sentía desdichada, y lo era desesperadamente. Acercándose a los 30 años igual que yo, su recia independencia, su volubilidad emocional y su consumada impulsividad la estaban infectando. Odiaba su cara escuela de arte. Sus correos electrónicos, deslumbrantes descripciones de sus viajes reenviados a listas masivas de amigos no estaban siendo reconocidos. El puñado de hombres en su vida llegaba y luego desaparecía con una precipitada autonomía perturbadoramente familiar. Estaba cansada de estar sin dinero, de depender de la gente convencionalmente más estable que ella para viajes en auto, para llamadas telefónicas y para comidas. Aún así los puestos y trabajos prometedores la estaban pasando por alto por estudiantes recién graduados más jóvenes que mucho tiempo atrás tenían pagadas sus cuotas en forzados trabajos de 9 a 5.

Veronique parecía embrujada por el revuelo de darse cuenta que los años de autodirección, autodescubrimiento y autosatisfacción (todo tan envidiosamente anhelado por mi) le habían traído no el Nirvana, sino solo a sí misma - cosa que estaba comenzando a encontrar intolerable. Mientras ella me observaba limpiando el puré de manzana de la barbilla de Dominic, ayudándolo a bajarse de la silla alta y comenzando la preparación de aún otra comida, sus ojos reflejaban no pena sino un crudo y desnudo anhelo. Y sus siguientes palabras me sorprendieron aún más: “Desearía tener a alguien para amar y para darme de esa manera,” dijo. “A veces tengo miedo que mi corazón va a marchitarse.”

Yo esperaba sentir alivio ante la pena de Veronique -- después de todo, lo que ella admitió equivalía a las grietas en la cimentación de un estilo de vida que yo había codiciado casi con idolatría. Pero en cambio solo sentí sorpresa y el creciente fenómeno de que la maternidad -- esa vocación que yo usaba como cilicio -- me había evitado la tiranía, la terrible pobreza de mi voluntad irreprimida. Mientras vislumbraba la desolación en la vida de Veronique, comprendí que yo nunca podría haber aguantado la maldición por tanto tiempo ansiada -- aquella de ganarme el mundo entero solo para perder mi alma. En Su misericordia que todo lo ve, Dios había eliminado de mi la opción del autoservicio exclusivo cuando dí a luz a Dominic. Como esposa y madre mi corazón podría sangrar, pero sabía que nunca se marchitaría pleno como estaba con los gajes del oficio de placer y terror, pena y compasión. Cuando Veronique se marchó, apreté a mi hijo contra mi pecho y lloré con gratitud.

Henry Ward Beecher alguna vez escribió que los niños son las manos por las que asimos el cielo. Al principio inscribí esa cita en el libro del bebé de Dominic, pero es solo ahora, casi cuatro años y una bebita después, que puedo ver que simplemente es una versión más apetecible de Timoteo 2:15. A través de Veronique caí en la cuenta de que lo que yo alguna vez llamé “cielo” -- todo esto vino por lo que yo misma obstinadamente escogí -- era la quintaesencia del infierno mismo. Solamente los niños podrían apartar la piedra de la tumba propia en la que yo yacía, y ofrecer un renacimiento a mi alma.

Aunque yo sobretodo luche y me tambalee en mi vocación de madre, lo hago así con gozo sabiendo que Dios me sostendrá a través del proceso si solo persevero con fe, amor y santidad. Esta mujer, al menos, será salvada por la maternidad.


Marion Fernández-Cueto es madre, periodista independiente y Católica conversa.

Vive en Houston con su esposo Andrés y sus dos hijos.